Armamento cubano en contenedores a bordo del buque Chong Chon Gang.
Armamento cubano en contenedores a bordo del buque Chong Chon Gang.

Todavía son muchas más las preguntas que las respuestas acerca del barco de Corea del Norte que fue interceptado en el Canal de Panamá con armamento cubano oculto.

El hallazgo de un cargamento de armas originado en Cuba, oculto en un barco de Corea del Norte de tránsito por el Canal de Panamá, ha puesto sobre el tapete la ineludible pregunta de qué intereses animaron a La Habana para correr el albur de verse involucrada en una operación tan riesgosa y diplomáticamente explosiva.

Solamente Cuba, China, Irán y Siria mantienen estrechos vínculos políticos con Corea del Norte -- un país aislado por la comunidad internacional-- y rechazan el embargo de armas y suministros bélicos que, desde octubre de 2006, impuso el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas al régimen de Pyongyang.

Históricamente no es un secreto que La Habana proveyó armas a las guerrillas latinoamericanas y a grupos armados conceptuados con gran eufemismo como “movimientos de liberación” en África y otras regiones del mundo, y sus fuerzas armadas, con equipos y soldados, participaron en conflictos en el extranjero como los de Angola y Etiopía, en la década de los '70.

Uribe pide a Colombia investigar armas cubanas
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​​Teniendo de por medio esos antecedentes y los de la llamada Crisis de los Misiles con la isla en octubre de 1962, el presidente estadounidense Ronald Reagan reveló en enero de 1982 que su secretario de Estado, Alexander Haig se había reunido secretamente en México con el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez para poner freno a las incursiones de guerra de La Habana.

Reagan dijo entonces que en la reunión se había hablado de los envíos de armas soviéticas a la isla y acusó al gobierno cubano de estar suministrando armamento a grupos subversivos en América Latina, entre ellos a la guerrilla salvadoreña, a través de los sandinistas en Nicaragua. La advertencia de Washington de que no se descartaba ninguna opción para detener esos envíos, incluido un bloqueo, surtió efecto.

Pero los tiempos son otros, la Unión Soviética ya no existe, y a pesar de sus reticencias ideológicas, Cuba ha dado señales de estar interesada en lograr un entendimiento con Washington que al menos le permita quitarse de encima las cláusulas más duras del embargo económico y poder recibir en la isla oleadas de turistas estadounidenses que le pongan a flote su deteriorada economía.

¿Por qué aventurarse entonces en una operación como la del buque coreano?

La explicación tal vez más simplista la dio el jefe del Estado Mayor General del Ejército Popular de Corea del Norte, general Kim Kyok Sik , cuando hace poco más de dos semanas dijo en La Habana que "los compañeros cubanos están en la misma trinchera junto a nuestro pueblo, porque compartimos estrechas relaciones de fraternidad. Ambas naciones son como hermanas".

Según algunos, una segunda hipótesis estaría dada por la circunstancia de que Cuba atraviesa por una situación económica desesperada y lo que perseguía dándole las armas a Pyongyang es conseguir dinero a cualquier precio, máxime cuando su gran aliado y abastecedor de recursos materiales, el gobierno de Venezuela, encara un futuro financiero incierto.

En un gesto desacostumbrado, tras ser descubierto el buque en Panamá la cancillería cubana declaró que en efecto se trataba de armamento cubano, entre ellos misiles, dos aviones Mig-21 y 15 motores de estas aeronaves, todo “material defensivo obsoleto” con vista a ser reparado y devuelto luego a la isla.

Esta sorpresiva e inusitada declaración sustenta la hipótesis de quienes piensan que la falta de liquidez de La Habana es tan aguda que ni siquiera cuenta con los medios necesarios para mantener en forma a sus fuerzas armadas, que como se sabe utilizan viejo armamento soviético, desde fusiles AKM hasta aviones MIG, y que luego de dos décadas requieren ser renovados.

En mayo pasado, Alexandr Fomín, subjefe del Servicio Federal de Cooperación Militar y Técnica de Rusia, declaró a la agencia Interfax que los lazos militares con Cuba se mantenían pero que la cooperación en este rubro estaba  “determinada por las modestas posibilidades financieras de nuestros socios”, en este caso de La Habana.