El arzobispo británico de Canterbury lavó los pies a 12 personas durante el servicio religioso especial de Jueves Santo, reviviendo una tradición que la Iglesia de Inglaterra había dejado de lado hace cientos de años.

La ceremonia, entendida como un gesto de humildad, representar el lavado de pies que realizó Jesucristo a sus apóstoles durante la última cena, poco tiempo antes de su arresto y crucifixión.

Aunque la Iglesia Católica Romana preservó la ceremonia del lavado de pies del Jueves Santo, la Iglesia de Inglaterra desechó esta costumbre de su liturgia durante la reforma en el siglo XVI, cuando los servicios religiosos anglicanos comenzaron a dar mayor énfasis a la palabra escrita que a los rituales.

Sin embargo, en años recientes, La Iglesia de Inglaterra fue recuperando algunas de estas viejas tradiciones.