La explosión de una bomba llevada por un suicida en un autobús en el centro de Jerusalén causó la muerte a por lo menos 10 personas e hirió a decenas más.

El autobús explotó durante la hora de mayor tránsito de la mañana a unos 100 metros de la residencia oficial del primer ministro israelí, Ariel Sharon.

El grupo extremista palestino “Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa” asumió la responsabilidad por la explosión e identificó al atacante como un policía palestino de Belén.

La Autoridad Palestina condenó el ataque. El ministro palestino Saeb Erekat dijo también que "el ciclo de violencia sólo puede interrumpirse mediante un proceso de paz significativo".

Altos funcionarios estadounidenses actualmente tratan de reactivar el estancado proceso de paz.