El presidente Bush se reunió con siete ciudadanos iraquíes que se han tratado en Estados Unidos por lesiones sufridas durante el régimen de Saddam Hussein.

Cada uno de los siete hombres tenía una mano cortada como castigo bajo el ex líder iraquí.

Un grupo de médicos estadounidenses reemplazó las extremidades con prótesis.

El jefe de estado le dio la bienvenida a los iraquíes en la Salón Oval de la Casa Blanca y habló acerca del futuro del país árabe con ellos.

Bush les aseguró que Estados Unidos cuenta con un plan para ayudar a que Irak alcance elecciones libres y transfiera su completa soberanía al pueblo iraquí.

El mandatario estadounidense dijo que el grupo de iraquíes retornará muy pronto a su país y sus integrantes esperan tener la oportunidad de emitir el voto.