Saddam Hussein lució tranquilo durante su primera presentación ante la corte iraquí, a pesar de que interrumpió los procedimientos con gestos y aseveraciones desafiantes.

Cuando se le preguntó su nombre, el depuesto líder dijo que él era “Saddam Hussein, el presidente de Irak”, y cuestionó la autoridad del tribunal.

Saddam llegó esposado y encadenado, pero se le quitaron esposas y cadenas para su presentación ante el juez. Dos guardias lo escoltaron hasta la sala del juzgado. El ex dirigente iraquí vestía un traje con una camisa blanca, sin corbata.

Se presentó sin abogado defensor, y se negó a firmar el documento que describe los cargos que se le imputan, señalando que no había prisa y que esperaría hasta que tuviera la presencia de un jurisconsulto.