Los iraquíes comenzaron a enterrar a más de 200 víctimas de los atentados explosivos y ataques con cohetes del jueves, en el área chiíta de ciudad Sadr, en Bagdad.

El primer ministro iraquí, Nouri al-Maliki, ordenó a la policía que custodie las procesiones funerales, mientras los féretros de las víctimas son llevados desde la capital a la ciudad santa chiíta de Najaf.

A través de los medios de comunicación, el Vicepresidente iraquí Tariq al Hashimi, un árabe sunita, hizo un llamado a la calma junto al presidente Jalal Talaban, un kurdo, y el líder chiíta Abdul Aziz al Hakim.

Los ataques del jueves fueron los más mortales desde que comenzó la guerra de Iraq, en 2003.

Más de 250 personas también resultaron heridas y, según los médicos, muchos de ellos se encuentran graves.

Bagdad se encuentra bajo un toque de queda de 24 horas, para evitar más violencia sectaria, pero se informó de ataques con morteros en áreas sunitas de la ciudad, este viernes.

En el norte de Iraq, las autoridades dicen que un atacante suicida mató a por lo menos 22 personas en Tal Afar.