El presidente Bush dijo que es “una irresponsabilidad” del liderazgo demócrata en el Congreso demorar los fondos para el pago de gastos de la guerra y de las tropas estadounidenses en Iraq y Afganistán.

En un discurso a veteranos de un capítulo de la Legión Americana en el estado de Virginia, el presidente dijo que ha invitado a líderes de ambos partidos en el Congreso para que se reúnan con él en la Casa Blanca la semana próxima.

Bush volvió a pedir al Congreso que le envíe para su firma una ley de gastos suplementaria que no tenga un plazo para la retirada de las tropas estadounidenses, ni otras restricciones.

En la Casa Blanca, la vocera presidencial Dana Perino reiteró que el mandatario espera que los líderes legislativos acepten su posición.

No obstante, minutos después el líder demócrata en el Senado, Harry Reid, respondió a la invitación del presidente Bush diciendo que el liderazgo de su partido en el Congreso está dispuesto a conversar con el presidente, pero que éste debe aceptar sentarse a negociar o hacer un compromiso o un cambio de dirección.

Tanto la Cámara de Representantes como el Senado han aprobado versiones de un presupuesto de gastos para las operaciones militares en Iraq y Afganistán, pero ambas incluyen un cronograma para el regreso de las fuerzas de combate desde Iraq.

El presidente ha prometido que vetará cualquier medida que contenga un plazo de retirada de Iraq.

Bush afirma que las tropas de la nación pronto sentirán el efecto de la falta de fondos, pero un informe independiente del gobierno, emitido el mes pasado, dice que el ejército tiene suficiente dinero para financiar sus operaciones en Iraq hasta julio.

Este martes, el gobernador del estado de Ohio, Ted Strickland, dijo que le preocupa que los efectivos de la Guardia Nacional que han sido notificados de que serán enviados a Iraq, no tienen suficiente entrenamiento ni equipo.

En una entrevista con la Radio Nacional Pública, el gobernador demócrata dijo que cree que los hombres y mujeres de la Guardia Nacional van a pagar el precio por el fracaso de la administración Bush de planear y pronosticar adecuadamente la situación en Iraq.