Laureano Márquez, reconocido con el premio a la Libertad de Prensa, defendió la necesidad de preservar un 'espacio para pensar'.

El periodista humorístico venezolano Laureano Márquez reivindicó la misión del humor como crítica, y no como ataque, y lo definió como un tipo de “pensamiento de contrabando que ayuda a las sociedades a que se vuelvan más tolerantes consigo mismas”.

El periodista venezolano Laureano Márquez, uno de los galardonados con el Premio Internacional a la Libertad de Prensa por el Comité de Protección al Periodista (CPJ), asistió al programa de la Voz de América, Foro Interamericano.

“En un país democrático, pensar diferente debe ser algo productivo y creativo para encontrar consenso”, expresó Márquez en referencia a sus desacuerdos con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

“En cada sociedad la gente tiene que buscar las posibilidades de hacer crítica. Nosotros todavía nos podemos mover en algunos márgenes de lucha y tratamos de defender ese espacio para pensar, para disentir, para expresar las ideas independientemente”, expresó el periodista.

Acompañando a Márquez se encontraba Carlos Lauría, quien analizó la seguridad de los periodistas en América Latina.

“En Cuba hay leyes absolutamente retrógradas. Hasta el año pasado era uno de los países con mayor número de periodistas encarcelados del mundo. Ahora hay 17 periodistas viviendo hoy en el exilio en España casi desterrados, pero el andamiaje que permitió esta situación sigue vigente, y nada ha cambiado en este asunto”, asintió.

En cuanto a México, recordó que es el país más peligroso para ejercer el periodismo en todo Latinoamérica, y uno de los más peligrosos en todo el mundo donde el 90% de los casos de asesinatos de periodistas permanecen en impunidad.

El CPJ entregó el Premio Internacional a la Libertad de Prensa 2010 a los periodistas Dawit Kebede de Etiopía, Nadira Isayeva de Rusia, Laureano Márquez de Venezuela y Mohammad Davari de Irán por haber “arriesgado su libertad y seguridad para informar desde su perspectiva sobre la realidad en sus respectivos países”.

"Cada uno ha realizado una contribución vital a la vida cívica de su país. Han dejado al descubierto y denunciado actos de corrupción y han sido escépticos sobre el alcance de las medidas oficiales. Los honramos y apoyamos tanto en su independencia como su valor", señaló Joel Simon, director ejecutivo del CPJ.