Prison guards keep watch at members of the MS-13 and 18 gangs as a search operation is carried out at the maximum security…
Guardias penitenciarios vigilan a miembros de las pandillas MS-13 y 18 mientras se realiza un operativo de búsqueda en la cárcel de máxima seguridad de Izalco, Sonsonate, El Salvador, el 4 de septiembre de 2020.

Amenazas de muerte, reclutamiento de pandillas, extorsión y otras formas de violencia selectiva "están impulsando a más familias del norte de Centroamérica a huir de sus hogares y buscar protección en otros países”, afirma una nueva encuesta de la Agencia de las Naciones Unidos para los Refugiados (Acnur) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Según el documento “casi el 20% de los más de 3.100 entrevistados que se desplazaron en unidades familiares identificaron la violencia, incluidas amenazas de muerte, extorsión, reclutamiento de pandillas y la violencia doméstica, como la razón principal detrás de su huida”.

Los organismos de la ONU coinciden que los resultados son una explicación para el “alarmante aumento del 456% en las unidades familiares detenidas en la frontera sur de Estados Unidos el año pasado”. Número que aumentó de 77.800 familias en 2018 a más de 432.000 en 2019.

“El cambio en las dinámicas de desplazamiento forzado desde el norte de Centroamérica refleja una compleja realidad en los países de origen, donde familias enteras están amenazadas y huyen juntas para encontrar un lugar seguro”, dijo Giovanni Bassu, Representante Regional de Acnur, la Agencia de la ONU para los Refugiados, para Centroamérica y Cuba.

Mientras que Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe explicó que “muchas personas del norte de Centroamérica están literalmente corriendo por su vida mientras las pandillas atacan a familias enteras, incluidos niños y niñas, obligándolos a huir”.

A girl from Guerrero State warms her hand over the campfire in her family's campsite in Chamizal Park in Ciudad Juarez, Mexico,…
Centroamérica sigue trabajando para frenar el desplazamiento forzado
Los países de la región buscan implementar políticas que les permitan proteger a los refugiados. La violencia y la persecución han obligado a casi un millón de personas en Centroamérica a abandonar sus hogares, según ACNUR.

La pandemia del COVID-19 se convirtió para muchas familias de los países del Triángulo Norte (compuesto por El Salvador, Guatemala y Honduras) en un obstáculo para huir de la violencia y para otras en un incentivo más.

De acuerdo con los resultados de la encuesta, las restricciones impuestas a la movilidad y el cierre de fronteras limitaron las opciones de huir del peligro. Sin embargo, después del paso de los huracanes Eta e Iota, así como el levantamiento de ciertas restricciones los movimientos migratorios están tomando fuerza.

Recientemente un grupo, compuesto por unas 600 personas salió de Honduras, uno de los países más impactados por las tormentas y la violencia, rumbo a Estados Unidos. Otros organismos internacionales y la ONU misma ya han advertido de la posibilidad de una migración masiva debido a la devastación dejada por los fenómenos climatológicos y la falta de empleo a consecuencia de la pandemia en los países más pobres de Centroamérica.

La ONU afirma que, “las muchas formas de violencia y persecución que han provocado el desplazamiento forzado en esta región durante años han continuado y, en algunos casos, se han agravado durante el confinamiento”.

El organismo además citó que a finales de 2019, más de 800.000 personas de El Salvador, Guatemala y Honduras habían buscado protección dentro de sus países o habían cruzado fronteras internacionales en busca de asilo para escapar de amenazas interrelacionadas, incluidos niveles crecientes de violencia y persecución de pandillas, entre otros factores.