WASHINGTON D.C. - Luego de más de un año de pandemia, los efectos sanitarios y económicos comienzan a verse desplazados por los psicológicos. De acuerdo con expertos, el tema de salud mental cobra fuerza, más ahora que el mundo se encuentra en una batalla por la obtención de las, aún pocas, opciones de vacunas en el mercado.

En entrevista en Foro de la Voz de América, la Dra. Yorelis Acosta, investigadora de la Universidad Central de Venezuela y presidenta de la Asociación Latinoamericana de Psicología Política, dijo que el primer impacto es el efecto de temor que tiene la pandemia en la población general, pues ha traído, además del cambio en las rutinas diarias, muchísimo temor y mucha ansiedad.

“Lo que percibo en América Latina, apoyándome en los reportes de la Asociación Latinoamericana de Psicología Política, es esta ansiedad o este miedo que hay a la vacunación o no, y el debate por las marcas de las vacunas, si se rechazan algunas o si se prefieren otras. Pero hay una gran realidad, los países ricos están vacunando y en los países que tienen menos desarrollo, no hay vacunas”, indicó la psicóloga.

Venezuela, “un vecino incómodo”

Si bien cada país sigue sus propias reglas y establece un proceso de vacunación de acuerdo con sus criterios, expertos consideran que no se tiene información clara sobre un plan de salud pública en Venezuela.

Críticos al gobierno de Nicolás Maduro no dudan en señalar que han llegado vacunas al país, pero las pocas que han entrado han sido repartidas entre miembros del Ejecutivo y los entes de gobierno; mientras que el personal sanitario ha quedado relegado. “La moral pudiera ser también, como concepto, un concepto abstracto. Repuntan los miedos, fundamentalmente, por saber ¿quién me protege?, ¿el Estado me protege? ¿Es el sistema de salud lo suficientemente robusto como para protegerme? y lo que se está viendo es mucha vulnerabilidad. Los sistemas de salud, tanto públicos como privados, están colapsados y no hay políticas públicas de salud, así que el temor fundamental es a morir” comenta la Dra. Acosta.

Pero, en el caso de Venezuela, la actual situación de opacidad en la información sobre las vacunas y el proceso de vacunación, a los ojos de la doctora Acosta, trae un problema adicional: “nos podríamos convertir en un vecino muy incómodo de cara a Colombia que tiene un movimiento mucho mayor, o Chile, por ejemplo, que es el que va punteando en la vacunación de sus ciudadanos. Pero, además, recordemos que ahorita tenemos venezolanos en todas partes del mundo y los venezolanos pudieran convertirse en esa población de la cual tengo que mantenerme distante porque, pueden ser, transmisores del coronavirus”.

La guerra de las marcas

De acuerdo con la Dra. Yorelis Acosta, otro punto que ha creado confusión, y aumenta la reticencia hacia las vacunas, es lo que ella denomina “la guerra de las marcas”.

“Es el momento de llamar a los expertos – dice - a los científicos, informar a la población, evitar debates innecesarios sobre las marcas, porque eso le corresponde al científico”.

Opina la experta que los gobiernos deben apoyarse en la comunidad científica y las universidades para asesorar a la población y establecer las bases de un plan de vacunación efectivo. Además, considera que los líderes deben “dar ejemplo” al colocar en la primera fase de vacunación al personal médico, personas mayores, las poblaciones vulnerables “y luego vendrán los políticos; pues hay que dar el ejemplo para generar confianza”.

¿Una segunda pandemia?

En opinión de la doctora en psicología Yorelis Acosta, se estima que justo ahora que el mundo batalla para combatir la pandemia de coronavirus, “una segunda pandemia puede ser la pandemia de la salud mental”. Explica que la ansiedad por lo que pueda pasar, la falta de planes de salud pública que generen confianza y la incertidumbre ante la eficacia y seguridad de las vacunas en el mercado, son síntomas que pueden perdurar y convertirse en un problema futuro.

“Cuando la población se siente tan vulnerable, como se sienten algunos países, las personas dicen la mejor vacuna es la que se tiene. Así que exigimos el derecho a la salud, a la salud y la entrada de vacunas”, comenta Acosta.

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