CARACAS - Johanna es una venezolana de 25 años y está registrada en al menos tres aplicaciones en las que se ofrecen videos y fotos eróticas. Dejó su trabajo como manicurista hace cuatro años, cuando el spa donde trabajaba cerró y la hiperinflación comenzaba a diluir su dinero. No siente vergüenza, ni culpa, pues afirma que con sus ganancias puede mantener a su madre y a sus dos hijos.

La crisis económica y los bajos salarios en Venezuela, han llevado a algunos jóvenes a ofrecer su imagen en plataformas de contenido adulto para procurarse ingresos, un fenómeno que creció durante la pandemia, debido a la pérdida de empleos en medio de las medidas de cuarentena.

"Mientras aquí tú ganas un sueldo mínimo menos de cinco dólares, tú te puedes meter en este trabajo de 2.000 a 4.000 dólares en un solo mes", explica Vargas.

Aunque no hay datos oficiales sobre el alcance de estas plataformas en Venezuela, según la compañía de entretenimiento Mashable, para agosto de 2020, el número de suscriptores, de al menos una de esas aplicaciones, superaba los 50 millones en el mundo, una cifra que creció con la pandemia. Los usuarios pueden inscribirse por un precio en dólares, fijado por quien se exhíbe, o enviar monedas virtuales, que luego se convierten en dinero y se cobran a través de mecanismos de cambio electrónico como Paypal o Payoneer.

Johanna dice conocer al menos 50 mujeres que se dedican a lo mismo que ella.

Alexandra es estudiante de Derecho de 26 años. También está en una de estas aplicaciones. Según explica, en la plataforma donde ella participa, no es necesario publicar fotos y videos íntimos, sino coquetear, bailar o entablar contactos a distancia con usuarios de todo el mundo, especialmente de Asia.

"Acá hay gastos de alquiler, comida, libros, proyectos, pasajes entre otras cositas y con eso me ayudo durante toda mi carrera para poder culminarla".

En el caso de Carlos Stiven, de 24 años, la pérdida de su empleo en 2020, producto del confinamiento, decretado el 12 de marzo del año pasado, lo impulsó a inscribirse en una de estas aplicaciones, a pesar del desagrado de su familia.

"Yo estaba pasando por un proceso de salud, en que necesitaba constantemente comprar la medicación. Y llegó la pandemia, el estar encerrado. Yo vi en la plataforma una oportunidad de conseguir dinero para seguir subsistiendo, comprar comida y medicinas", explica a la Voz de América.

Especialistas advierten que el peligro de exponerse en estas redes es la posibilidad de filtraciones del material a terceras personas, tal y como ocurrió en 2020, cuando al menos, 3 millones de fotografías y unas 750 horas de vídeo fueron a dar a sitios en Internet no autorizados por los protagonistas de esas imágenes.

"Imagino que para estos jóvenes, las necesidades familiares les hacen pensar que es un riesgo que se justifica, o ellos piensan que el riesgo es menor. Eso lo que nos habla es de la fragilidad de la economía y la precariedad del mercado laboral", advierte la sociólogo, Lissette González.

De acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida, ENCOVI, el empleo informal ha aumentado en los últimos cinco años y la población que trabaja por cuenta propia pasó de 31 a 45%.

Para el psicólogo social, Abel Saraiba, las consecuencias de esta actividad en los jóvenes podrían verse a largo plazo.

“El tema de soñar realizar algún proyecto de vida a partir de una profesión u oficio podría verse obstruido. ¿Hasta dónde puedes tú dedicarte a algo en lo que tu cuerpo es el vehículo? Esas son las cosas que hay que pensar”, opina Saraiba.

La ley contra delitos informáticos de Venezuela no considera esta actividad un crimen, siempre y cuando los que ofrezcan las imágenes y los que reciban sean mayores de edad y haya consentimiento de ambas partes.

Pero este mecanismo no es exclusivo de países con una economía precaria como la venezolana; de hecho, en todo el mundo este tipo de plataformas son muy utilizadas entre artistas, productores de cine y modelos.