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Bukele respalda su relación con China bajo la mirada preocupada de EE.UU.


El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, posa junto al Primer Ministro chino Li Keqianp, en el Gran Salón del Pueblo, en Pekín, el pasado 3 de diciembre al anunciarse un paquete de cooperación de China.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, posa junto al Primer Ministro chino Li Keqianp, en el Gran Salón del Pueblo, en Pekín, el pasado 3 de diciembre al anunciarse un paquete de cooperación de China.

El presidente salvadoreño Nayib Bukele, afianzó recientemente las relaciones de su país con China, al aceptar un importante paquete de cooperación “no reembolsable”, dejando a un lado la posibilidad de restablecer relaciones diplomáticas con Taiwan, isla aliada de Estados Unidos que Pekín considera una “provincia rebelde”.

Y la decisión de Bukele de fortalecer lazos políticos y económicos con la segunda más grande economía del mundo, cuenta en El Salvador con el pleno respaldo de políticos opositores y empresarios. Dicen éstos que se trata de “realismo político” en un mundo multipolar, donde sin dañar las relaciones con Estados Unidos, El Salvador tiene que jugar con los fuertes, si quiere llegar a las grandes ligas.

“En este caso apoyo la decisión del presidente Bukele de mantener relaciones con un país que representa la segunda economía del mundo y que tiene un mercado de 1,400 millones de personas”, afirmó Ernesto Muyshondt, alcalde de San Salvador y militante de la opositora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).

De igual manera, empresarios y legisladores opositores concuerdan con que siempre que no se afecten las relaciones con Estados Unidos, principal socio comercial de El Salvador y lugar de residencia de unos 3 millones de salvadoreños, Bukele hizo bien en afianzar la relación con China.

Pero un pronunciamiento del Departamento de Estado norteamericano ocasionó preocupación entre algunos que temieron que esto pudiera afectar las relaciones con Washington.

“Si bien El Salvador tiene el derecho soberano de determinar sus relaciones diplomáticas, estamos decepcionados de que el presidente Bukele le haya dado la espalda a Taiwán, una democracia de ideas afines, un socio de desarrollo valioso y una fuerza para el bien en el mundo, a cambio de promesas que pueden no materializarse”, dijo un vocero del Departamento de Estado, no identificado por su nombre, en un comunicado.

Según dicho comunicado, “lo que China hace económicamente en el hemisferio occidental, y en otros lugares, nos afecta a todos. Las intenciones de China no siempre son claras, y los proyectos chinos a menudo involucran deuda insostenible, degradación ambiental, empleo local limitado y contratos secretos que limitan la responsabilidad democrática y aumentan la vulnerabilidad de los países a la corrupción”.

“El presidente Trump dejó en claro en la Estrategia de Seguridad Nacional que los Estados Unidos ha adoptado un nuevo enfoque para China. Buscamos una relación basada en la equidad, la reciprocidad y el respeto a la soberanía. Alentamos a El Salvador a adoptar el mismo enfoque, con los ojos bien abiertos”, añadió el pronunciamiento del Departamento de Estado del jueves.

Un día antes, otra versión de dicho comunicado fue recogida por la agencia de noticias Reuters, según la cual Estados Unidos estaría “revisando su relación con El Salvador después de esta decisión”. La versión enviada a Voz de América el jueves por la tarde, ya no hablaba de una revisión de las relaciones.

Diversas fuentes consultados en El Salvador se mostraron sorprendidos por la expresión de una supuesta “revisión”, y señalaron que el embajador estadounidense, Douglas Johnson, ha estado sumamente activo anunciando nuevos proyectos de cooperación y visitando otros en ejecución, y que no han visto ningún tipo de evidencias de que haya un malestar significativo por la “decisión soberana” del presidente Bukele.

Algunos en El Salvador se hicieron eco de las preocupaciones estadoundeneses, especialmente en lo supuestamente “impagable” de las deudas con China. Pero Bukele, conocido por su frecuente uso de las redes sociales, disparó un tuit reiterando que se trata de donaciones y no de préstamos.

“Veo algunos opositores tratando de atacar la gigantesca cooperación que hemos conseguido de China, alegando que es una “trampa de deuda”. ¿Qué parte de “no reembolsable” no entendieron? No es préstamo, sino donación. Y todas las construcciones serán propiedad de El Salvador”, afirmó el joven presidente en su cuenta de Twitter.

Aunque no se ha dado a conocer el monto que alcanzará el paquete de cooperación chino, se informó que incluye la construcción de un estadio multiuso, de una biblioteca en la capital salvadoreña, de la instalación de plantas de tratamiento de aguas residuales para una franja costera con alto potencial turísitico, entre otros.

“Yo lo único que habría hecho diferente habría sido, en lugar de un estadio, pedir unos dos hospitales de medicina tradicional china que con acuputura hacen maravillas”, dijo el veterano político, Roberto Cañas, académico y comandante guerrillero del izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

Cañas explicó que el mundo actual es multipolar, no existe una potencia única que domine ni política, ni económicamente. Por lo tanto, los países deben manejar políticas de relaciones exteriores que sean multilaterales, buscando obtener el mayor beneficio para sus intereses nacionales.

“En un asunto de realismo político”, dijo Cañas. “Por supuesto hay que tener excelentes relaciones con Estados Unidos, la primera economía del mundo. Pero el presidente Bukele en su reciente gira visitó y obtuvo resultados de China y Japón, que son la segunda y tercera economías mundiales”.

Por su parte, Federico Hernández, director ejecutivo de la Cámara de Comercio e Industria, dijo esperar que la relación con el gigante asiático no perjudique lo que consideró una excelente relación con Estados Unidos.

“Habrá que ver qué tipo de actitudes pueda haber, a ver si esta apuesta pudiera haber sido demasiado riesgosa”, dijo Hernández, militante de la opositora ARENA. “Por ahora damos el beneficio de la duda al presidente Bukele, saludamos la relación con esta nación (China) que en el concierto de las naciones, tiene el puesto que tiene”.

En realidad, no fue Bukele quien “dio la espalda” a Taiwan. Fue el ex presidente Salvador Sánchez Ceren, del FMLN, quien en agosto del 2018 anunció que había roto con Taiwán y establecido lazos diplomáticos con China.

"No estamos dispuestos a continuar con una competencia de dinero con China", dijo el ministro de Relaciones Exteriores taiwanés Joseph Wu en una conferencia de prensa, según un reportaje en ese momento de BBC Mundo.

El ministro acusó a El Salvador de pedir apoyo financiero de una forma constante desde el año pasado para un proyecto de construcción de un puerto que, según Taiwán, se demostró que era "inadecuado" después de su evaluación.

El presidente Bukele pudo haber revertido la decisión de su antecesor. Durante la campaña fue consultado sobre qué haría, a lo que Bukele dijo que analizaría cual opción sería la de mayor beneficio para El Salvador.

Y El Salvador no es la única nación centroamericana que ha dejado atrás relaciones con Taiwan, para acercarse al gigante de Pekín. Costa Rica, República Dominicana, Panamá y El Salvador forman el nuevo grupo aliado de Pekín en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

Centroamérica tiene un valor comercial estratégico ya que podría ser usado por empresarios chinos para acceder al mercado estadounidense a través del CAFTA, tratado de libre comercio entre la región y Estados Unidos. Esto, en tiempos de guerras comerciales.

Guatemala, Belice, Honduras y Nicaragua mantienes aún relaciones diplomáticas con Taiwán. Pero las recientes rupturas de varios países con dicha isla, y el avance chino en la región, preocupó a Estados Unidos lo suficiente para llamar a consulta a sus embajadores en Guatemala, Belice, Honduras y Nicaragua. Sólo horas después de conocerse el cambio en la política salvadoreña en agosto del año pasado, la entonces embajadora de Estados Unidos, Jean Manes, calificó el giro como “preocupante”, agregando que “esto impactará nuestra relación con el gobierno (de Sánchez Ceren)”.

Meses más tarde, el presidente Donald Trump anunció que estaba recortando la ayuda a países centroamericanos hasta por 370 millones de dólares ya que éstos no estaban cooperando a frenar la oleada de inmigrantes que se dirigían en caravanas hacia Estados Unidos. Tras firmarse acuerdos anti inmigrantes con México, Guatemala, Honduras y El Salvador, la ayuda fue restablecida.

Las relaciones del nuevo gobierno de Bukele con la Casa Blanca se perciben como excelentes, a pesar de la “decepción” de Washington por que no se haya revertido la ruptura con Taiwan.

“Ha habido un salto de calidad en las relaciones con EEUU luego que Bukele llegara al gobierno”, explicó el alcalde Ernesto Muyshondt. “Durante el gobierno del FMLN hubo altibajos, pero hoy pasan un buen momento las relaciones con Estados Unidos”.

Aldo Alvarez, analista político y secretario de Comunicación de Cambio Democrático, fuerza política aliada de Bukele, sugirió que éste pudo haber sondeado la reacción estadounidense a mantener la relación con China restablecida por su antecesor para evitar entrar en conflicto con Washington.

“Usted cree que teniendo tanta importancia nuestra relación con Estados Unidos y siendo prioritaria por la gente que vive allá, alguien emprendería un viaje a China sin consultar como se vería”, se preguntó Alvarez.

“Estados Unidos tiene relaciones con China y vínculos comerciales con Taiwán”, explicó Alvarez. “No sé por qué tener relación con China o Taiwan sea un problema para un país o le pueda causar malestar a un socio estratégico”.

El ex líder guerrilllero, Cañas, insiste en que los países tienen que ajustarse a un enfoque multilateral.

“Cualquier gobierno sensato tiene que desarrollar una política exterior multipolar”, insistió, en entrevista telefónica con VOA. ”Sin duda, Estados Unidos es el país con que cualquier gobierno salvadoreño tiene que tener buena relación, primero por la vecindad, por la cercanía, y segundo por los tres millones de salvadoreños que viven allá y que no pueden abandonarse en ninguna circunstancia. Eso es indiscutible”.

El Salvador y los otros países de la región deben navegar entonces entre la molestia estadounidense, que prefiere se apoye a Taiwan, y se mantenga a distancia a los chinos, y éstos que enamoran a los pequeños países con abultados paquetes de cooperación no reembolsable, primordialmente destinados a inversión en infraestructura. Los halagos a El Salvador han ido más allá de la cooperación, sino que incluyen ofrecimientos de comprar su producción de café y azúcar.

“El mercado de China está abierto al azúcar salvadoreño y es un inmenso mercado de mil 400 millones de habitantes, en contraste con la población de 23 millones de Taiwán. Con la apertura de relaciones diplomáticas entre China y El Salvador los productores salvadoreños de diversos sectores tienen mayor acceso a ese mercado”, afirmó la embajada China en San Salvador a inicios de este año.

“En tiempos en que se habla de una recesión mundial, tener garantizada la colocación de los productos salvadoreños, pudo haber sido un factor que haya motivado al presidente Bukele a buscar este acercamiento con China”, reflexionó Cañas. “Esa es mi apreciación”.

La diputada de la opositora ARENA, Margarita Escobar, asegura que hay un amplio respaldo a la decisión de Bukele, pues existe una realidad social que obliga a la clase política a ver los temas a través de un lente que sea menos ideológico y que identifique los beneficios mayores para los salvadoreños.

“La gente está cansada de la confrontación, la polarización y la falta de respuesta a sus problemas”, explicó Escobar. Si la clase política no se centra en resolver cada vez más los problemas de la gente, su vigencia será cada vez menor”.

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