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¿Cómo le afecta el fenómeno El Niño al Triángulo Norte de Centroamérica?


La de maíz ha sido una de las cosechas más perjudicadas por la sequía.
La de maíz ha sido una de las cosechas más perjudicadas por la sequía.

El fenómeno El Niño inició en julio de este año y se prevé se prolongue hasta la primavera de 2024; sus efectos ya comenzaron a manifestarse por medio de la escasez de lluvia y el aumento en las temperaturas.

El Niño es un fenómeno climático que ocurre cada dos a siete años tras el aumento de 0,5 grados Celsius en la superficie del Océano Pacífico.

Contrario a “La Niña”, este fenómeno provoca episodios de sequías, incendios forestales y, como consecuencia, enfermedades y escasez de alimentos.

La agencia de meteorología de las Naciones Unidas dio por hecho la llegada de El Niño en julio de este año, por lo que advirtió a los gobiernos del mundo tomar medidas ante las consecuencias de un fenómeno que se espera dure hasta 2024. Sin embargo, en Centroamérica, las consecuencias comienzan a hacerse evidentes.

En El Salvador, el ministro de Medio Ambiente, Fernando López, dijo que para julio se esperaban 887 milímetros de lluvia, y solo se han registrado 602. “Tenemos una diferencia bastante considerable respecto a años pasados. (…) Hemos visto cómo nuestro país ha sido afectado por un aumento en las temperaturas durante el mes de julio. La temperatura máxima promedio ha estado arriba de los 30 grados centígrados [Celsius]”.

Que baje el nivel de lluvia le afecta directamente al desarrollo de los cultivos como el maíz, el arroz y el frijol, granos básicos en la dieta de la región, aseguró a la Voz de América, el ingeniero agrónomo, Douglas González.

“La mayoría de los cultivos depende de la lluvia, la cual hace que esos ríos se mantengan con afluente, que es de donde se extrae mayormente el agua para los cultivos. Ante una reducción de la fuente hídrica, los cultivos no se desarrollan y por ende la producción de alimentos es menor lo que amenaza la seguridad alimentaria. O se importan los granos o no hay comida”, dijo.

Algunos agricultores dejaron de sembrar granos en el oriente de El Salvador ante los pronósticos de que en 2023 habría un “mal invierno”, y quienes decidieron sembrar pese a los pronósticos ya reportan pérdidas.

“Quienes sembraron en mayo perdieron 6.000 manzanas (de terrenos cultivados) (…) A partir de estos meses se está viendo mayor afectación y eso sí va a afectar la producción nacional”, dijo Luis Treminio, presidente de la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO) al programa televisivo Diálogo, el pasado 8 de agosto.

En El Salvador, Treminio estima pérdidas del 18 % del maíz sembrado hasta la fecha, lo que equivale a 545.713 quintales. Mientras que del frijol, se ha perdido el 15 % de la siembra, es decir unos 18 millones quintales.

El meteorólogo hondureño, Francisco Argeñal, explicó a la VOA, que una de las consecuencias del fenómeno es la posible inseguridad alimentaria tras “no poder cosechar en el cultivo de primera”.

Esa inseguridad ya es un hecho: 133.000 personas en El Salvador, Guatemala y Honduras estarán en crisis o emergencia de inseguridad alimentaria entre junio y septiembre de este año, sostuvo un informe del Análisis de Inseguridad Alimentaria Aguda del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) publicado este año.

“Los resultados de la proyección responden al sostenido incremento de precios de alimentos, combustible y transporte, asociado al agotamiento de reservas de maíz y frijol. Los pronósticos climáticos con alta probabilidad del fenómeno de El Niño sumado a los precios de fertilizantes impactarán negativamente la intención de siembra y cuidados a los cultivos de granos básicos”, señala el informe.

En Honduras, 140 de los 298 municipios se encuentran en alerta roja desde junio por una prolongada sequía. Según las autoridades de ese país, el periodo de canícula o ausencia de lluvias se prevé que dure hasta el 28 de agosto.

Mientras que en Guatemala, el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social inició agosto emitiendo una “alerta roja institucional” ante posibles sequías e inundaciones entre agosto y noviembre de este año.

“Estos impactos pueden tener repercusiones importantes en todos los departamentos. (…) desnutrición aguda, enfermedades transmitidas por alimentos, infecciones respiratorias, etc”, explicó la doctora Lorena Gobern, titular de Epidemiología de la institución guatemalteca.

En Centroamérica, el fenómeno de El Niño está asociado con una entrada tardía de la época lluviosa, una salida más temprana de esta y una canícula o sequía de mayor duración.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) estima que el impacto de El Niño para 2023 puede ser similar a las consecuencias de 2009, cuando hubo reducción de lluvia y alrededor del 50% en cultivos agrícolas en la región se perdieron.

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