Incierto futuro de la ganadería

El hermano Placid Gross, ha sido el vaquero a cargo del rodeo de Aberdeen Angus negro, desde que arribó al convento en 1957.

Las oportunidades en otros sectores de la economía desalientan a los jóvenes a continuar la tradición familiar de la hacienda.

El frío se siente en las Grandes Llanuras del norte de Estados Unidos cuando el viento y golpea contra los muros de la Abadía de la Asunción (Assumption Abbey).

El monasterio Benedictino, se presenta como una fortaleza de piedras desde su ubicación casi en las afueras del pequeño poblado de Richardton, en Dakota del Norte.

Dentro del monasterio, el aire se carga con el sonido de las actividades de los 25 monjes que allí residen, con sus cantos, rezos y conversaciones.

Pero también hay sonidos que por lo general no están asociados a la de una abadía de la Iglesia Católica.

Los monjes cuidan unas 300 cabezas de ganado vacuno, que son descendientes de los animales que trajeron cuando el monasterio fue construido, hace más de un siglo.

El hermano Placid Gross, ha sido el vaquero a cargo del rodeo de Aberdeen Angus negro, desde que arribó al convento en 1957.

“Los monjes llegaron aquí, establecieron el monasterio en 1899 y pusieron en marcha la hacienda desde el principio mismo. Esta fue la forma de producir nuestros propios alimentos”, dice el hermano Gross.

“En los primeros días, todo el mundo tenía sus vacas para producir carne y vacas para producir leche. Sin embargo, en los últimos años, hemos estado vendiendo la mayoría de las vacas y los terneros. Seguimos sacrificando algunas para consumo, pero ya no tanto. Así que se han transformado en una fuente de ingreso para el convento”, admitió.

Ventas

Pero es también una fuente de ingresos que va camino a desaparecer, desde el momento en que los monjes se están preparando para vender su rodeo en un remate, probablemente a fines de noviembre de 2011.

El abad Brian Wangler, quien está a cargo del monasterio, dice es un tema estrictamente relacionado con la mano de obra que la tarea demanda.

“Se necesita no sólo gente con voluntad de hacer el trabajo, sino que sepa cómo hacerlo. Prácticamente son necesarias personas que hayan crecido en una hacienda. Lo que quiero decir es que uno puede aprender el trabajo, pero en realidad, realmente debe interesarte. Por nuestra parte, simplemente no tenemos la gente joven suficiente que esté interesada en este tipo de tareas”, admite Wangler.

Pero no es sólo interés en este tipo de trabajo, sino además el deseo de vivir la vida de un monje, que incluye sesiones de oraciones grupales cuatro veces al día.

A sus 76 años, el hermano Placid encuentra un poco exigente el manejar el rodeo de vacas solamente con la compañía de otro monje de poco más de 40 años.

“La parte más dura del trabajo es la época de parición. Muchas veces tenemos muy mal clima y pese a todo hay que estar recorriendo el campo para ver si alguno de los terneros recién nacidos necesita ser traído a un lugar cálido. Muchas veces tenemos que levantarnos durante la noche, y estamos recorriendo el campo donde están las vacas de cría cada pocas horas”, explica.

Falta de vaqueros

La falta de jóvenes vaqueros no es un problema solamente para los monjes de Dakota del Norte.

“Hemos descubierto que la edad promedio de los hacendados en las Alturas de las Grandes Planicies, es de 58 años”, dice el criador de ganado Marv Kammerer, quien recientemente asistió a una reunión de hacendados en la Asociación de Criadores de Rapid City, en Dakota del Sur, “y eso es peligroso para la economía y para la industria ganadera”, afirma.

Kammerer se siente afortunado de que cinco de sus siete hijos han decidido seguir la vida de hacendados, pero reconoce que esto no es lo normal.

“Hay una cantidad de factores que desalientan a los jóvenes a seguir en las haciendas”, dice el ganadero. “Ellos buscan mejores ingresos, educación, en fin, una cantidad de factores que los alejan de estos lugares”.

Pérdida de empresas familiares

El número de empresas ganaderas en Dakota del Sur ha caído de más de 13.000 hasta 1980, de acuerdo con R-CALF USA, una Asociación Nacional de Criadores.

A nivel nacional, más de 147.000 explotaciones ganaderas han sido cerradas en los últimos 15 años.

La ranchera nativa estadounidense Lakota, Alex Romero-Frederick, quien junto a su esposo son propietarios de una pequeña hacienda en la Reserva Sioux Rosebud, siente la presión de la situación.

“Estamos perdiendo las empresas familiares de hacendados” dice Romero-Frederick.

“La próxima generación tomará las haciendas después de que la generación anterior se jubile y no veo que eso vaya a continuar. Es un poco atemorizador" admite. "Muchas veces me pregunto, ¿van mis hijos a ser hacendados también? ¿estoy haciendo dándoles la formación correcta para que quieran continuar con la hacienda cuando yo ya no esté?”.

Ya sea en el convento de Dakota del Norte o en las haciendas de Dakota del Sur, rancheros como Kammerer creen que la fortuna de criar el ganado, de darle alimentos y de cuidar la tierra, debería ser estimulada.

A la vez, Krammerer tiene incluso la esperanza de que esa sea una opción que la próxima generación esté dispuesta a considerar y aceptar.