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Entrevista AP: Duque compara a Maduro con Milosevic


El presidente de Colombia, Iván Duque, en entrevista con The Associated Press previo a su viaje a la Asamblea General de Naciones Unidas, desde la base aérea del Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM), en Bogotá, Colombia, el sábado 21 de septiembre 2019.
El presidente de Colombia, Iván Duque, en entrevista con The Associated Press previo a su viaje a la Asamblea General de Naciones Unidas, desde la base aérea del Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM), en Bogotá, Colombia, el sábado 21 de septiembre 2019.

El presidente colombiano Iván Duque comparó al mandatario en disputa de Venezuela Nicolás Maduro con el criminal de guerra serbio Slobodan Milosevic al tiempo que emprende una ofensiva diplomática para acorralar al líder socialista, y le advirtió que sería un error “estúpido” realizar cualquier agresión contra su vecino respaldado por Estados Unidos.

Duque habló el sábado con The Associated Press antes de viajar a Nueva York, donde se espera que denuncie a Maduro ante la Asamblea General de las Naciones Unidas como un autócrata abusivo que no sólo es responsable de la crisis humanitaria de su país, sino también una amenaza a la estabilidad regional por albergar a rebeldes colombianos.

"La brutalidad de Nicolás Maduro es comparable a la de Slobodan Milosevic", aseveró Duque, que exhortó a la Corte Penal Internacional a que investigue al presidente en disputa venezolano por abusos contra los derechos humanos. "Debe terminar".

El mandatario colombiano evitó descartar un ataque militar contra los rebeldes marxistas que, asegura, se ocultan en territorio venezolano. Sin embargo, dijo que cualquier agresión de las fuerzas armadas venezolanas provocaría una reacción regional inmediata que podría incluir más sanciones y medidas diplomáticas.

"Si ellos consideran hacer algo tan estúpido, saben cuáles serán las consecuencias", subrayó Duque.

Duque ha intensificado la presión contra Maduro en las últimas semanas luego que un reducido grupo de rebeldes izquierdistas disidentes decidiera romper con el histórico proceso de paz de Colombia y alzarse en armas de nuevo contra el Estado, argumentando que el gobierno traicionó el acuerdo que pretendía poner fin poco más de cinco décadas de derramamiento de sangre.

El gobernante colombiano tiene previsto acusar a Maduro de violar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU aprobada después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 al ofrecer refugio a los rebeldes.

El mandatario en disputa venezolano, que enfrenta una seria crisis, ha rechazado esas acusaciones reiteradamente. Aunque Maduro no asistirá personalmente a la Asamblea General de Naciones Unidas de este año, sus delegados afirman que plantearán cargos similares contra Duque, al que acusarán de no tomar medidas contra grupos armados ilegales que planean ataques contra el gobierno venezolano desde Colombia.

“La oligarquía colombiana quiere preparar el terreno para emprender una agresión armada contra Venezuela”, aseveró en fecha reciente el ministro venezolano de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez.

Las crecientes tensiones a lo largo de la frontera pueden tener consecuencias geopolíticas peligrosas y de amplio alcance.

A petición de Estados Unidos, los aliados del hemisferio desempolvaron hace poco un tratado de asistencia recíproca que data de la Guerra Fría y el cual prevé que los 19 países signatarios ayuden a otro en caso de una amenaza extranjera.

Los ministros del exterior de la mayoría de naciones suscriptoras del Tratado de Río de 1947 tienen previsto reunirse el lunes para examinar la adopción de sanciones multilaterales. Aunque el acuerdo permite una respuesta militar conjunta, Duque insistió que no es el proceder favorito y que bajo ninguna circunstancia las fuerzas colombianas deberían ser provocadas.

“Es importante que en Naciones Unidas, Duque tenga ese foro para que presente las pruebas sobre la actividad de grupos armados colombianos en Venezuela, y también es una oportunidad para medir el parecer de los líderes mundiales para intensificar aún más la presión contra Venezuela”, comentó Adam Isacson, analista de Defensa en la Oficina sobre América Latina en Washington.

“Sin embargo, debido a la oposición de Rusia, China y otros, será imposible alcanzar el consenso necesario para tratar a Venezuela, de acuerdo a la Carta de la ONU, como una amenaza para la paz y la seguridad”, afirmó Isacson.

La crisis en Venezuela también afecta los presupuestos de diversos países sudamericanos luego que cuatro millones de personas han huido de una crisis económica peor que la Gran Depresión de Estados Unidos. Esa migración a gran escala de venezolanos tiene lugar en momentos en que Colombia, que ha recibido a la mayoría de esos migrantes, enfrenta problemas debido a un incremento en la producción de coca y la ejecución de un polémico y frágil acuerdo de paz concertado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A pesar de las presiones fiscales sobre los presupuestos a educación y salud, Duque defendió su política de puertas abiertas argumentando que permite a Colombia combatir más efectivamente enfermedades como el sarampión, al que ha había erradicado pero que reapareció con la llegada de más de 1,4 millones de migrantes venezolanos en los últimos años.

Cerrar la frontera no frenará el éxodo, sólo obligará a los migrantes a desplazarse por rutas terrestres peligrosas que cruzan hacia ambos lados por la porosa demarcación limítrofe de 2.200 kilómetros (1.370 kilómetros) entre los dos países.

“La política correcta es la que hemos adoptado”, dijo Duque, que contrastó la respuesta de Colombia con las barreras erigidas en fecha reciente en Ecuador y Perú. “Si ellos deciden cerrar las fronteras la gente pasará de todos modos, pero lo hará de manera ilegal y el control de enfermedades, por ejemplo, será más complejo”.

Duque, de 43 años, irrumpió en pocos años en la política colombiana _en la que no era tan conocido_ gracias a la asistencia del expresidente colombiano Álvaro Uribe, el principal detractor del acuerdo de paz. Duque fue senador antes de que ganara la presidencia el año pasado con una plataforma basada en la ley y el orden y su compromiso de modificar aspectos cruciales del acuerdo.

A la fecha, Duque no ha logrado ningún cambio. Sin embargo, se refirió a una reciente iniciativa que prohíbe a los gobiernos conceder amnistía a los rebeldes implicados en narcotráfico como un avance que impedirá que se repita la impunidad a la que, según él, se dio paso en el acuerdo de paz de 2016.

Duque añadió que su gobierno ha aumentado en ocho veces el número de planes regionales de desarrollo dejados por su predecesor Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz, mientras implementa un programa que permite a las empresas privadas canalizar su pago de impuestos al financiamiento de proyectos productivos en otrora zonas de conflicto.

“No estamos haciendo política con la paz, sino que contamos con una política de paz”, declaró el presidente.

Al mismo tiempo, el asesinato de centenares de activistas de izquierda en las zonas rurales ha cernido una sombra oscura sobre el proceso de paz.

Aunque Duque ha incrementado los recursos para investigar los asesinatos, que según él han disminuido desde que asumió la presidencia, enfrentó los gritos de “¡asesino!” que le profirieron manifestantes cuando visitó Londres en junio. Este año, siete candidatos para los comicios regionales del mes entrante han sido asesinados, cifra que rebasa la registrada durante las elecciones de 2015.

“Sabemos que debemos tener mayor control, que tenemos que proteger las vidas de los candidatos”, señaló. “Pero a veces cuando tenemos elecciones locales, los grupos armados ilegales son los que intentan amenazar a candidatos en las zonas productoras de coca o donde se efectúa minería ilegal, porque pretenden preservar su control sobre las actividades económicas ilegales. Conocemos ese patrón y por eso estamos trabajando de manera articulada con todas las fuerzas militares y policiales”.

Desde que asumió la presidencia el año pasado, Duque ha visto caer su popularidad de manera constante en medio de las dificultades para encontrar su voz como jefe de estado. Según una encuesta reciente, Duque tiene un índice de aprobación de apenas 29%.

Aunque la producción de coca se ha estabilizado durante su gobierno, tras un aumento durante varios años consecutivos, continúa próxima a máximos históricos. Vastas franjas rurales de Colombia siguen dominadas por jefes narcotraficantes y grupos armados ilegales. Muchos colombianos consideran que el conflicto armado interno nunca terminó y temen una nueva era de derramamiento de sangre.

Duque asegura que actúa con prontitud para reanudar la erradicación de cultivos de coca desde el aire, un elemento crucial en la guerra contra las drogas que duró dos décadas con apoyo de Estados Unidos y que Santos suspendió en 2015 citando las secuelas de salud acarreadas a numerosas personas. Sin embargo, Duque rehusó fijar una fecha para la reanudación de esos vuelos. El presidente minimizó la efectividad de lo que describió como la “aspersión con precisión” cuando señaló que esa modalidad es una herramienta valiosa en zonas donde la existencia de minas terrestres y de grupos armados representa un peligro para las fuerzas militares y los erradicadores manuales de coca que lleguen a esos lugares.

“No hay una solución mágica”, afirmó el mandatario en referencia al combate a los cultivos ilegales. “No hay sólo una solución. Es una combinación de medios”.

Con información de AP

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