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El repentino cambio de postura sobre Siria del presidente Trump


Las acciones del presidente Donald Trump respecto de Siria no dejaron dudas sobre que, al menos en este caso, su opinión sobre el papel de Estados Unidos en el mundo ha cambiado.
Las acciones del presidente Donald Trump respecto de Siria no dejaron dudas sobre que, al menos en este caso, su opinión sobre el papel de Estados Unidos en el mundo ha cambiado.

La repentina decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de ordenar ataques contra el gobierno sirio reflejó una evolución en una noche para un presidente que se pasó años advirtiendo en contra de aumentar la implicación de Estados Unidos en uno de los conflictos más pertinaces y violentos del mundo.

En su sobrio anuncio del jueves por la noche, Trump alegó que la operación sigue entrando en su lema de "Estados Unidos primero" en política exterior. Estados Unidos, dijo, tiene un "interés vital de seguridad nacional" en detener la proliferación de armas químicas como las empleadas por el gobierno sirio esta semana contra sus ciudadanos.

Sin embargo, las acciones de Trump no dejaron dudas sobre que, al menos en este caso, su opinión sobre el papel de Estados Unidos en el mundo ha cambiado.Trump no es ni de lejos el primer presidente que reconsidera sus posturas tras asumir la responsabilidad de controlar el ejército más poderoso del mundo. Pero este importante giro apenas 77 días después de asumir el cargo podría ser una de las transformaciones más rápidas en la historia reciente.

Tras pasarse años advirtiendo a los líderes de Estados Unidos de que Siria era un peligroso polvorín, Trump se habría visto conmovido por las duras imágenes de niños sirios muertos, emitidas en todo el mundo tras el ataque químico. El presidente lamentó que hubiera "hermosos bebés" entre las docenas de muertos por los gases tóxicos, y acusó al presidente sirio, Bashar Assad, de "asfixiar" a sus propios ciudadanos.

Su argumento —la "responsabilidad de proteger" de Estados Unidos— recordaba a la que han empleado a menudo algunos críticos acérrimos de Trump. Esa doctrina, defendida especialmente por la exembajadora de Barack Obama ante Naciones Unidas. Samantha Power, alega que las potencias mundiales tienen una obligación de defender a los civiles en caso de conflicto, especialmente ante sus propios gobiernos.

Trump basó su campaña en una visión totalmente distinta de la política exterior, bordeando el aislacionismo y centrada en revisar los acuerdos comerciales con socios internacionales. Dijo específicamente que Oriente Medio era una región del mundo que esperaba evitar.

Sin embargo, a corto plazo, la decisión de Trump de incrementar la implicación de Estados Unidos en el conflicto sirio le ganó elogios de su propio partido. Incluso algunos demócratas dieron la callada por respuesta, un indicio de cómo la frustración con la falta de acciones estadounidenses en Siria se había extendido a ambos partidos.

"La cuestión ahora es qué consecuencias y reacciones habrá, y cuáles serán los objetivos estratégicos y a largo plazo del presidente respecto a la implicación estadounidense en Siria", señaló el senador Jack Reed, demócrata por Rhode Island y demócrata de mayor rango en el Comité de Servicios Armados.

La decisión de Trump fue especialmente llamativa dada su publicitada oposición a lanzar un ataque sobre Siria cuando la decisión dependía de su predecesor. En septiembre de 2013, Trump escribió varios tuits instando a Obama a no atacar Siria tras otro ataque con armas químicas.

"UNA VEZ MÁS, A NUESTRO MUY TONTO LÍDER, NO ATAQUES SIRIA - ¡SI LO HACES OCURRIRÁN MUCHAS COSAS MUY MALAS Y ESTADOS UNIDOS NO SACA NADA DE ESA LUCHA!", escribió.

Dos días más tarde tuiteó que "No hay ventajas y sí un tremendo inconveniente" en un ataque.

Obama estuvo cerca de ordenar los ataques, pero terminó por dar marcha atrás. Pidió una votación en el Congreso que nunca se celebró y después apoyó un plan auspiciado por Rusia para eliminar los arsenales sirios de armas químicas, un acuerdo que parece haber fallado a la vista del reciente ataque.

Aunque Trump criticó a Obama por parecer débil e indeciso, como candidato mantuvo que Siria era una complicación que Estados Unidos debía evitar. Hace apenas una semana, los diplomáticos más importantes nombrados por Trump, el secretario de Estado, Rex Tillerson, y la embajadora ante la ONU, Nikki Haley, indicaron que Estados Unidos adoptaría una estrategia de intervención mínima ante una guerra que ha matado a cientos de miles de personas y obligado a varios millones a abandonar sus hogares.

Hay una profunda incertidumbre sobre las implicaciones a largo plazo del repentino cambio de parecer de Trump. Pero sus seguidores parecían dispuestos a aceptar su decisión.

"Esta noche, el presidente Trump se ha ganado que muchos escépticos se replanteen las cosas una o dos veces, tanto en casa como en el extranjero", afirmó Kevin Kellems, estratega republicano que trabajó brevemente en la campaña de Trump y asesoró al ex vicepresidente Dick Cheney. Kellems destacó en particular "la rapidez y precisión de la decisión de atacar".

Además del contundente mensaje enviado a Assad, los ataques son también una señal para Rusia e Irán, los principales benefactores de Damasco. También para China, que en opinión de Washington no está haciendo suficiente para detener los proyectos nucleares de Corea del Norte.

Trump ordenó el ataque durante la visita del presidente de China, Xi Jinping, a su complejo de Mar-a-Lago en Florida, en plena disputa entre Washington y Beijing sobre cómo frenar los programas norcoreanos de armas nucleares y misiles balísticos.

"Esto indica claramente que el presidente está dispuesto a tomar medidas decididas cuando es necesario" dijo Tillerson.

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