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“Mi hija no me reconoció”: el editor nicaragüense Juan Lorenzo Holmann repasa sus 545 días de cautiverio en El Chipote


ARCHIVO - El editor nicaragüense Juan Lorenzo Holmann llega a un hotel en Herndon, Virginia el 9 de febrero de 2023, luego de ser liberado por el gobierno de Nicaragua.

En 2018, tras una ola de protestas callejeras, las fuerzas de seguridad reprimieron con fuerza las manifestaciones de la oposición.

Cuando la hija de Juan Lorenzo Holmann fue a ver a su padre a la cárcel, éste había perdido tanto peso que no lo reconoció.

Era junio del año pasado y Holmann había bajado de 78 a 65 kilogramos desde que fue encarcelado en agosto de 2021.

El director ejecutivo de La Prensa, el periódico más antiguo de Nicaragua, sufría de una dieta deficiente y de falta de ejercicio, ya que había pasado meses en celdas de prisión abarrotadas.

“Cuando [mi hija] entró, no me reconoció”, dijo Holmann a la Voz de América, desde Estados Unidos, donde está comenzando una nueva vida en el exilio. “Luego le dijo a su madre que quería borrar de su mente [el recuerdo] de esa visita. También estaba muy pálida por la falta de sol”.

En febrero, Holmann estaba entre los 222 líderes políticos, sacerdotes, activistas y otras figuras de la oposición que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, liberó de prisión y llevó en avión a Estados Unidos, la mayoría sin tener la oportunidad de contactar a sus familias.

Tras su liberación sorpresa, también fueron despojados de su nacionalidad.

Ortega ha llamado “traidores” a sus opositores, a quienes acusa de estar detrás de las protestas que sacudieron el país en 2018. Afirma que los disturbios fueron un complot financiado con fondos extranjeros para derrocarlo.

España estuvo entre los países que ofrecieron su ciudadanía a los exiliados nicaragüenses, y Estados Unidos otorgó a los nicaragüenses una protección temporal de dos años.

La VOA intentó comunicarse con la embajada de Nicaragua en Madrid para obtener comentarios, pero no recibió respuesta.

Para Holmann, cada día que pasó en la cárcel de El Chipote, en Managua, está grabado en su mente. “545 días”, dijo sin dudar cuando le preguntaron cuánto tiempo había pasado en la cárcel.

Holmann estuvo recluido en una serie de celdas con líderes políticos de la oposición, periodistas y un exembajador de Nicaragua ante Estados Unidos.

La prisión de El Chipote es la nueva ala de una notoria instalación que fue utilizada por la dictadura de Somoza para retener a los opositores antes de la revolución sandinista de 1979.

Las autoridades de Nicaragua detuvieron a Holmann y luego lo condenaron por lavado de dinero, cargo que él negó.

Durante ese tiempo, La Prensa, que fue fundada hace 97 años, anunció que trasladaría a todo su personal al exilio después de soportar repetidos allanamientos y amenazas legales.

Muchos analistas han considerado que la detención de Holmann fue un movimiento político para silenciar las voces críticas en el Estado centroamericano.

Holmann dijo que le negaron derechos humanos básicos, como el acceso a un abogado durante el juicio. Esto fue por orden del juez del caso, aseguró.

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En prisión, no recibió ninguna advertencia de que su esposa o sus hijas estaban a punto de visitarle, dijo, y en ocasiones no las veía durante meses.

Holmann está casado y tiene dos hijas. Sus hijas están en Estados Unidos, mientras que su esposa permanece en Nicaragua.

“A veces, pasé 90 días sin ver a mi familia. En otras ocasiones solo me informaban el mismo día de las visitas”, recuerda.

Recibió 12 visitas de su familia durante su tiempo en prisión, dijo.

Ocho meses en una celda

Las condiciones en la prisión eran incómodas. Estuvo recluido en una celda de 5 metros por 5 metros durante ocho meses, con apenas espacio para caminar.

“La celda no tenía ducha. No había nada afuera. En cuanto a la higiene, tenías que salir de la celda”, dijo. “En esa celda de cinco metros cuadrados, había espacio para hacer cuatro pasos en un círculo pequeño. Nos sacaban al sol una o dos veces por semana durante una hora o dos. No había reglas [para salir]. Siempre fue de repente”.

Holmann ya sufría problemas de salud antes de su encarcelamiento.

Cada vez que lo llevaban a la clínica de salud de la prisión, lo fotografiaban. Holmann no tiene claro por qué las autoridades hicieron esto, pero sospecha que querían controlar la progresión de su estado de salud.

[Con información de AP]

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