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Protestas en Hong Kong cumplen un año en medio de futuro incierto


Los manifestantes han seguido protestando en Hong Kong a pesar de las nuevas leyes de seguridad aprobadas por China.

El 9 de junio del año pasado, alrededor de un millón de hongkoneses salieron a protestar pacíficamente contra una propuesta ley de extradición que habría permitido enviar a individuos a China para ser sometidos a juicio.

Nadie se imaginaba que sería la primera de más de 1.000 protestas en un movimiento prolongado contra el gobierno que lanzaría a este centro financiero de Asia a una de las mayores crisis de su historia.

Las protestas despertaron años de indignación y frustración sin precedentes por la erosión de las libertades bajo 23 años de dominio chino, en particular en los últimos años, cuando Beijing aceleró la integración política y económica para reforzar el control sobre la antigua colonia británica.

El movimiento ha tenido también un costo humano.

El pacifismo inicial derivó en manifestaciones que se volvieron violentas cuando el gobierno local pareció no escuchar y la policía aumentó el uso de gases lacrimógenos, balas de goma, cañones de agua e incluso municiones vivas contra los manifestantes, quienes primero lanzaron objetos y después cócteles Molotov, y provocaron incendios y destruyeron bancos, estaciones del metro y tiendas simpatizantes de China.

Aunque el gobierno de Hong Kong demoró por cuatro meses la retirada del proyecto de extradición después de las protestas iniciales, la brutalidad de la policía y la negativa de las autoridades a iniciar una investigación independiente sobre la violencia policial caldearon a los manifestantes y algunos recurrieron a acciones más radicales.

Más de 8.900 personas, de las cuales alrededor del 40% eran estudiantes, fueron arrestadas en más de 1.000 protestas desde junio de 2019.

El día de fin del año 2019, miles salieron a las calles a recordar a los muertos y heridos en las protestas en Hong Kong.
El día de fin del año 2019, miles salieron a las calles a recordar a los muertos y heridos en las protestas en Hong Kong.

Aunque muchos ciudadanos de Hong Kong no aprueban las tácticas violentas de ninguna de las partes, muchos simpatizan con los jóvenes radicales y comparten su sensación de desesperación y frustración con un gobierno que solo parece responder a Beijing y no a la población.

El líder ejecutivo de Hong Kong es elegido por un comité especial muy inclinado a Beijing de alrededor de 1.200 personas. Solo la mitad de la legislatura es elegida por los votantes y como está dominada por diputados prochinos, no tiene el poder para desaprobar proyectos impopulares.

“Me siento afligido de que nuestros jóvenes hayan hecho tantos sacrificios, pero si Hong Kong no resiste, China podrá hacer todo lo que quiera”, dijo un retirado de 71 años de apellido Chow que escapó de China a Hong Kong cuando era un adolescente. “La gente de mi generación era muy débil, no tuvimos el coraje de luchar contra China. Simplemente escapamos”.

A un año de las protestas iniciales, muchos hongkoneses se sorprenden al encontrarse en una situación que consideran mucho peor. Con el objetivo de frenar las protestas, la legislatura china aprobó en mayo unas leyes para Hong Kong para prevenir y castigar “acciones y actividades” que amenacen la seguridad nacional, entre ellas promover la secesión, la subversión, el terrorismo y la interferencia extranjera.

Sobrepasando la legislatura de Hong Kong, las leyes serán aplicadas a través de un anexo a la mini constitución de la ciudad, la llamada Ley Básica. También se permitirá a los órganos de seguridad nacional de China abrir agencia en Hong Kong.

Muchos temen que las leyes que se han usado en China para suprimir a los activistas y críticos del gobierno ahora se apliquen para erosionar la mayoría de las libertades de Hong Kong.

La ley de seguridad ha reanimado las protestas que se acallaron durante la pandemia de coronavirus a principios del año y ahora se han sumado demandas sin precedentes de independencia de China. Se ha escuchado a muchos manifestantes gritar temas como “construir nuestra nación”, algo que raramente ocurría anteriormente.

El presidente chino, Xi Jinping, cuando votaba en Beijing a favor de la ley de seguridad nacional para Hong Kong el 28 de mayo de 2020.
El presidente chino, Xi Jinping, cuando votaba en Beijing a favor de la ley de seguridad nacional para Hong Kong el 28 de mayo de 2020.

La ley también ha llevado a cuestionar si los manifestantes escogieron la forma precisa para lidiar con China, aunque muchos de ellos afirman que no se arrepienten de la resistencia, incluso si provocó la drástica reacción de China.

Muchos consideran que “la muerte” del territorio es inevitable y que el movimiento de protestas simplemente forzó a China a mostrar “su verdadero rostro”.

Otros dicen que respaldan las sanciones internacionales contra China, incluso si afectan a la economía de Hong Kong, lo que en su percepción sería como “morir con el enemigo”.

El presidente Donald Trump dijo a finales de mayo que Estados Unidos podría eliminar el tratamiento especial para Hong Kong como un territorio de aduanas y viajes separado de China debido a la violación de la promesa de Beijing sobre la autonomía de la ciudad.

“Estoy consciente del impacto de posibles sanciones de Estados Unidos. Pero cuando Hong Kong tiene de morir de pronto de esta forma lo apoyo porque estamos desesperados y no hay más nada que podamos hacer”, dijo Vincent, un estudiante veinteañero.

Algunos prometieron seguir hablando, aunque eso signifique arriesgarse a la cárcel, mientras que otros buscan vías para mantener su resistencia bajo la influencia de Beijing.

“Mejor hablar y morir que vivir en silencio”, dijo Chow, citando un texto chino del siglo 11. “Sabemos que no tenemos medios para luchar contra China, pero no seremos sojuzgados”.

Vincent dijo que su forma de resistir será mantener un sentido de la identidad de Hong Kong manteniendo su cultura y rechazando la asimilación ideológica de China.

Willy Lam, un profesor de la Universidad China de Hong Kong, dice que aunque él espera que la resistencia se debilite, no cree que podrá ser suprimida. “La gente no será subyugada. Muchos irán a prisión y muchos emigrarán”.

Joseph Cheng, un científico político de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, no espera que los ciudadanos renuncien a sus ideales, pero el daño de la ley de seguridad es sustancial.

“La indignación está ahí y la insatisfacción está ahí, la disposición a luchar está ahí, pero no hay una victoria fácil en el camino. Va a ser una lucha muy costosa y prolongada”.

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