María Gabriela Becerra
María Gabriela Becerra agradece a diario la educación y la formación que le brindó su país. Foto cortesía. ​

CARACAS - En el noroeste venezolano, en tierras del estado Zulia, creció y se formó profesionalmente María Gabriela Becerra, una joven caraqueña de nacimiento, de valores inquebrantables y con un profundo amor por la cultura y la gastronomía de su tierra.

Maracaibo le brindó la oportunidad de estudiar Medicina en la Universidad del Zulia (LUZ) y en 2012 se graduó con el segundo mejor expediente de su promoción.

Becerra agradece a diario la educación y la formación que le brindó su país, asegura que los profesores venezolanos le enseñaron que puede saber lo que siente un paciente más allá de un examen, a veces con tocarlo y sobre todo escucharlo. Eso, está segura, no lo enseñan en ninguna universidad.

María Gabriela Becerra fue el segundo expediente de su promoción en la Universidad del Zulia (LUZ) en 2012. Foto cortesía.

En 2013, alentada por sus padres y por sus ganas de ejercer su profesión en el área de investigación, decidió salir de Venezuela rumbo Estados Unidos, y se estableció en la ciudad de Houston, Texas, un lugar que le ha permitido ejercer el cargo que siempre soñó.

Desde hace cinco años, Becerra es supervisora de estudios clínicos en el Centro Clínico de Texas para el Desarrollo de Medicamentos, una entidad que se dedica únicamente a las investigaciones médicas. 

En febrero de este año, cuando la pandemia de COVID-19 se fue agravando, su jefe sabía todos los estudios e investigaciones que esto traería y decidió en conjunto con todo el personal de la clínica que Becerra era la más calificada y la de más experiencia para cumplir con las metas que los laboratorios, como Pfizer, tenían pautadas para la elaboración de la vacuna contra el virus.

Al frente de equipo investigador

La venezolana, de 32 años, lideró al equipo que se encargaría de sacar adelante el estudio de la fase 3 de la vacuna, etapa en la que se debe reclutar a los voluntarios a quienes se aplicará una dosis para evaluar la reacción.

Su rol durante ese tiempo de estudio era velar porque los procedimientos fueran hechos como correspondía, y que los pasos se cumplieran a cabalidad, para así poder enviar los estudios y comprobar que la vacuna es efectiva, explicó Becerra.

“Desde niña pensaba en que quería salir de Venezuela porque quería tener la oportunidad de hacer algo que, aunque no fuese grande fuera lo suficientemente significativo para cambiar la vida de algunas personas, pero nunca pensé que esta gran oportunidad llegaría a mi puerta”, confesó Becerra en una entrevista vía Whatsapp a la Voz de América.

“Saber que mi equipo y yo estamos escribiendo la historia, cambiando la manera en que están funcionando las cosas, que le estamos dando una esperanza a la humanidad, es algo indescriptible y que me llena el pecho de orgullo”, agregó.

Esta experiencia, dice, se tornó muchas veces estresante por la gran responsabilidad que demanda la vacuna, y sentía que no solo era cumplir con las metas que pedía el laboratorio, sino también las metas personales: familiares, cumplirle a sus amigos y también al mundo entero que desea que esta vacuna funcione y esté lista lo antes posible.

“Sé que mi aporte ayudará a cambiar el mundo y eso es una mezcla de emoción, sentimiento y mucho compromiso”, dijo la investigadora.

El proceso de la vacuna es largo y complejo

Desde hace cinco años, Becerra es supervisora de estudios clínicos en el Centro Clínico de Texas para el Desarrollo de Medicamentos. Foto cortesía.

El proceso y elaboración de la vacuna parece ser lento, pero realmente va muy rápido, explica Becerra. Una vacuna tarda aproximadamente entre cinco a 10 años en ser aprobada. Son diversas fases que llevan tiempo de trabajo, estudios, ensayo y error.

“Ahora no solo es la creación de la vacuna, sino que una vez aprobada hay que poner dinero para producirla; luego tienes que poner dinero para conseguir los pacientes, montar el estudio y todo eso toma tiempo y dinero”, comentó Becerra.

Añadió que “ya cuando se está en la fase tres que tienes todo recolectado el proceso para la aprobación, el uso de emergencia también tiene un proceso el cual se demora y esto el mundo entero debe saberlo y entenderlo”.

La doctora afirma que Pfizer está buscando una autorización de emergencia de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA), para el uso de su vacuna contra el coronavirus lo más pronto posible.

Pfizer y la compañía alemana BioNTech dijeron la semana pasada que su vacuna es 95% segura y que no hay preocupaciones por su seguridad.

“Si es aprobada, al comenzar a vacunar, se podrá disminuir la carga que los hospitales están teniendo, nos dará tiempo para poder conseguir un tratamiento y conocer más del virus y cómo debemos combatirlo”, señaló Becerra.

“Sin embargo, al vacunar se deben seguir con las medidas sanitarias hasta que al menos 70% de la población mundial esté vacunada. Será la única manera de que la vacuna pueda poner fin a la pandemia”, afirmó.

Esperanzas de aprobación

El análisis de eficacia y de seguridad ya fue enviado por Pfizer para su evaluación en la FDA, que informó que posiblemente para el 10 de diciembre podría tener una respuesta positiva o negativa.

“La eficacia de la vacuna es de 95%, pero existe ese 5% que igual pone en riesgo a que una persona pueda contraer el virus. Este es otro objetivo de los estudios, que si eres de ese porcentaje que se contagia pese a tener la vacuna igual disminuirá la severidad de la infección”, dijo Becerra.

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Esta doctora asegura que tiene la certeza de que la vacuna será aprobada porque confía en su trabajo, en todo el esfuerzo que le imprimió y especialmente, en la ciencia.

Explicó cuánto agradece esta oportunidad que le dieron de ayudar a salvar vidas, no solo en un país, o a un familiar, sino al mundo entero. Aportar un granito de arena y poder ayudar a cambiar la situación que paralizó al mundo le emociona, sostiene.

Por eso, la venezolana tiene fe y esperanza que la vida volverá a ser como antes, un lugar donde se pueda volver a respirar sin mascarilla y compartir con otros sin temor a enfermarse.

Consultada acerca de las personas que no confían en las vacunas expresó: "La ignorancia es un arma muy potente". Además exhortó a todos a no seguir teorías conspirativas. "La mejor forma de combatir la ignorania es leyendo, y cuando leemos debemos hacerlo de fuentes fidedignas de información no de cualquier parte", aclaró citando "fuentes científicas".

"Más allá de la política tenemos que mirar la ciencia, eso es lo más importante, la ciencia que hay detrás de eso (...) tenemos que irnos con nuestra lógica, documentarnos, leer y luego hacer nuestras propias deducciones", concluyó.