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Yellen: compitamos en base a fortalezas económicas y no con impuestos bajos


La secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Janet Yellen, habla durante una conferencia de prensa en una reunión de ministros de Economía, Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20 en Venecia, Italia, el 11 de julio de 2021.
La secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Janet Yellen, habla durante una conferencia de prensa en una reunión de ministros de Economía, Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20 en Venecia, Italia, el 11 de julio de 2021.

La secretaria del Tesoro de EE. UU. lanzó un llamado a los países desarrollados para que promuevan la competencia en base a las fortalezas económicas de cada país y no en base a esquemas de bajos impuestos que limitan las capacidades de los gobiernos.

La secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, dijo el domingo que disuadir el uso de paraísos fiscales permitirá a los países competir en base a los fundamentos económicos, en lugar de ofrecer tasas impositivas cada vez más bajas que privan a los gobiernos de dinero para infraestructura y educación.

Yellen habló luego de que los ministros de finanzas del Grupo de las 20 principales economías respaldaran un impuesto de sociedades mínimo global de al menos el 15%, una medida destinada a poner un piso a las tasas impositivas y disuadir a las empresas de utilizar países con tasas bajas como paraísos fiscales.

"Este acuerdo pondrá fin a la carrera hacia abajo", dijo en una conferencia de prensa tras el final de la reunión en Venecia. "En lugar de hacer la pregunta '¿quién puede ofrecer la tasa impositiva más baja?', permitirá que todos nuestros países compitan sobre la base de los fundamentos económicos: la habilidad de nuestra fuerza laboral, nuestra capacidad para innovar y la fortaleza de nuestras instituciones legales y económicas", dijo.

"Y este acuerdo dará a nuestras naciones la capacidad de recaudar los fondos necesarios para bienes públicos importantes como infraestructura, investigación, desarrollo y educación", agregó Yellen.

La propuesta mínima global enfrenta obstáculos políticos y técnicos antes de que entre en vigencia. Los detalles se resolverán en las próximas semanas en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en París, seguido de un respaldo final de los presidentes y primeros ministros del Grupo de los 20 en una reunión del 30 al 31 de octubre en Roma.

Los países necesitarían incorporar la tasa en sus propias legislaciones. La idea es que los países graven las ganancias extranjeras de sus empresas en el país si esas ganancias no se gravan en los países con tasas bajas. Eso eliminaría la razón para utilizar esquemas contables complejos para transferir las ganancias a las subsidiarias en países con impuestos bajos donde las empresas pueden hacer poco o ningún negocio real.

Estados Unidos ya tiene un impuesto de este tipo sobre las ganancias en el extranjero, pero la tasa está por debajo del mínimo del 15%. Los republicanos en el Congreso han expresado su oposición a la propuesta del presidente Joe Biden de aumentar la tasa de las ganancias corporativas en el extranjero al 21% para ayudar a pagar la infraestructura y las inversiones en energía limpia. El presidente demócrata tiene solo una estrecha mayoría en el Congreso.

Tres países de la Unión Europea que participaron en las conversaciones sobre el impuesto mínimo se han negado a respaldar la propuesta. Irlanda, Hungría y Estonia podrían obstaculizar la adopción en Europa, donde los asuntos fiscales a nivel de la UE requieren unanimidad. Irlanda, cuyas bajas tasas impositivas son parte de su modelo económico pro-empresarial, ha dicho que su tasa general del 12,5% es una tasa justa.

La propuesta fiscal también daría a los países el derecho a gravar parte de las ganancias de las grandes empresas globales que ganan dinero en su jurisdicción pero no tienen presencia física. Los ejemplos incluirían la venta minorista en línea y la publicidad digital.

Algunos países, liderados por Francia, ya han comenzado a imponer tales impuestos a empresas tecnológicas estadounidenses como Google y Amazon. Estados Unidos considera que tales impuestos son prácticas comerciales desleales y ha amenazado con represalias a través de aranceles sobre bienes importados. Según el acuerdo fiscal, los países eliminarían esos impuestos a favor de un enfoque global único.

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