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Cotacachi, un remanso de paz para residentes extranjeros en Ecuador


El municipio de Cotacachi, en Ecuador, está rodeado de montañas andinas, se ha convertido en un refugio de paz para residentes extranjeros, principalmente estadounidenses.

El pequeño poblado en la región interandina de Ecuador se ha convertido en el paraíso de varios centenares de extranjeros, muchos de ellos jubilados, y la mayoría estadounidenses, que citan la belleza de la región, la calidez de los ecuatorianos, el excelente clima y el precio de las propiedades como las razones de su decisión de mudarse a Ecuador.

Por las calles de esta pequeña ciudad, localizada a unos 100 kilómetros de Quito, es común verlos: salen a caminar, de compras o realizan diversas actividades recreativas. Se trata de ciudadanos estadounidenses que decidieron radicarse en este apacible rincón andino, cuya altitud bordea los 2.400 metros sobre el nivel del mar y su temperatura promedio varía entre 11 y 22 grados Celsius.

Según el alcalde, Auki Tituaña, en esta localidad residen unos 700 ciudadanos extranjeros, de los cuales un 80% son estadounidenses, y dentro de ese grupo la mayoría son jubilados. Sin embargo, habitantes consultados creen que se trata de un subregistro y que la cifra podría ser el doble.

En el caso de los ciudadanos estadounidenses, su origen es diverso: hay ciudadanos de California, Dakota de Norte, Texas y Massachusetts. Pese a eso, los une un común denominador, de acuerdo con testimonios compartidos con la Voz de América: el costo de vida, mucho menor que en Estados Unidos, o la tranquilidad de la zona.

Un grupo de extranjeros visita uno de los numerosos restaurantes de Cotacachi, un pueblo en Ecuador que ha captado el interés de forasteros jubilados, muchos de ellos estadounidenses.
Un grupo de extranjeros visita uno de los numerosos restaurantes de Cotacachi, un pueblo en Ecuador que ha captado el interés de forasteros jubilados, muchos de ellos estadounidenses.

Para Tituaña, el hecho que la ciudad recibiera, a principios de siglo, dos reconocimientos internacionales, avalados por el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (HABITAT), y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), atrajo la atención internacional y posicionó al Municipio de Cotacachi como un lugar ideal para vivir.

A ese factor se sumaron otros, según Tituaña, como la cobertura de servicios, la diversidad cultural y la llegada, años atrás, de un promotor inmobiliario que comenzó a publicitar a la ciudad en el exterior.

La integración de los extranjeros a la comunidad local ha sido relativamente sencilla desde el momento que comenzó a aumentar, hace unos 15 años, de acuerdo con el alcalde, que además mencionó que desde el principio hubo “una conexión” y que la presencia de los extranjeros en este municipio ecuatoriano es “una oportunidad” para todos.

La fluidez en la relación entre los habitantes de Cotacachi y los extranjeros de la que habla el funcionario se traduce, por ejemplo, en la apertura de nuevos negocios, especializados en la atención a los nuevos inquilinos. Es común, hoy en día, ver restaurantes con el menú en inglés y basado en platos internacionales. En otros casos, hay muchos rótulos y publicidad escrita en inglés.

Uno de esos negocios es el restaurante Solid Rock, localizado en el pleno centro de Cotacachi. Días atrás, la VOA constató allí la preparación de la tradicional cena de Acción de Gracias y un elevado número de reservaciones para celebrar esa festividad.

El restaurante Solid Rock, en Cotacachi, Ecuador, ofrece menu de Acción de Gracias para los jubilados estadounidenses.
El restaurante Solid Rock, en Cotacachi, Ecuador, ofrece menu de Acción de Gracias para los jubilados estadounidenses.

Santiago Pastrana, propietario y originario de la ciudad, relató que investigó los platos tradicionales de Estados Unidos, a fin de que queden lo más parecido a los originales.

La periodista y antropóloga Liliana León, colombiana que vivió un tiempo en Cotacachi, expresó que la migración estadounidense es percibida como una dinamización de la economía.

“Los constructores, los vendedores de bienes raíces, los cocineros, chefs y el sistema financiero lo perciben así”, dijo, aludiendo a que es muy diferente a cómo se percibe la migración de países como Venezuela y Colombia.

A pesar de que las relaciones entre locales y extranjeros en la comunidad son muy buenas, León subrayó que las migraciones también se pueden percibir de acuerdo a las relaciones de poder que ejerzan entre los inmigrantes y el país anfitrión. Entonces, dijo, los estadounidenses pueden determinar agendas culturales, por ejemplo, la celebración de la Navidad.

Esta festividad es del mundo católico, señala León, mientras que en el mundo indígena se celebra en diciembre el “Kapak Raymi”, que es una fiesta religiosa en honor al Sol y que se entiende como el inicio de un nuevo ciclo.

Si una fiesta foránea se impone sobre una festividad local, sostiene la antropóloga, es una forma de colonizar, de imponerse sobre la otra. Desde su punto de vista, esto pudiera desatar tensiones entre ellos, debido a que “las comunidades indígenas han resistido a siglos de colonización española y católica”, por lo que instó a que el Estado ecuatoriano, a través de sus instituciones, defienda la diversidad cultural y no promueva una fiesta sobre la otra.

La comunidad estadounidense en la zona gusta mucho del consumo de productos orgánicos y los encuentran fácilmente en un mercado a pocas cuadras de la Alcaldía local. Allí, productores ecuatorianos y extranjeros que residen en zonas aledañas se reúnen para vender, entre otras cosas, artesanías, semillas, lácteos, cereales, frutas y vegetales.

Lindsay Numedahl, es una joven madre de Dakota del Norte, que lleva ocho años en el país. Explicó que decidió quedarse por el costo de vida y por su deseo de estar “más cerca de la tierra”. Coincidió en que Cotacachi es un lugar muy tranquilo para vivir junto a su esposo y sus tres hijos, que nacieron en el Ecuador.

Uno de los sectores que más se ha dinamizado en los últimos años es el de bienes raíces. Carlos Bonilla, quien vivió en California y se dedica a esta actividad desde hace casi una década, explicó que las principales características que buscan los extranjeros en una vivienda son la paz y la tranquilidad, por lo que algunos, incluso, le piden casas ubicadas en las afueras de Cotacachi, donde podrían estar en contacto con el campo.

Una de las calles de Cotacachi, Ecuador, con tiendas y pintorescos restaurantes que dan la bienvenida a los extranjeros.
Una de las calles de Cotacachi, Ecuador, con tiendas y pintorescos restaurantes que dan la bienvenida a los extranjeros.

Según Bonilla, en promedio, una casa que en California cuesta sobre los 500.000 dólares, se puede encontrar en Cotacachi en poco más de 200.000 dólares, lo que es atractivo para los estadounidenses.

Explica que por lo general quienes llegan a su oficina son personas jubiladas, que bordean los 65 años de edad y que buscan casas de una sola planta, de 150 metros cuadrados, aproximadamente.

Si bien Cotacachi y sus alrededores reúnen la mayor cantidad de ciudadanos de Estados Unidos, hay ciudades cercanas, como Otavalo, que también han acogido a los extranjeros.

Betty Sachs, originaria de Brooklyn, Nueva York, vive desde hace casi 26 años en el país y es copropietaria de la hostería Casa Mojanda, localizada en una zona rural, muy cerca de un volcán inactivo, donde se asienta una laguna que es continuamente visitada por turistas.

Yanneck Pack, un alemán que llegó a Ecuador en un intercambio universitario, se enamoró de Cotacachi donde ahora vive y trabaja.
Yanneck Pack, un alemán que llegó a Ecuador en un intercambio universitario, se enamoró de Cotacachi donde ahora vive y trabaja.

Vive una vida tranquila, a pesar de la afectación que ha sufrido desde marzo último, por la falta de huéspedes, a causa del avance del COVID-19. En ese lugar, siembra y cosecha diversos productos, como papas, zanahorias, quinua y alcachofas, entre otros, que le sirven para su consumo. Además, cría caballos, gallinas y tiene tres perros.

“Es un país que me ha fascinado desde mi primera visita, en el año 1980 (…) la naturaleza, la cultura, la gente, la variedad del país y esta zona es muy especial también”, manifestó en diálogo con la Voz de América.

Si bien la comunidad de estadounidenses es la más grande en esta zona, también hay ciudadanos de otros lugares, como Italia, China, Japón y Alemania. Yanneck Pack es un alemán de 31 años que se quedó en el país, luego de participar en un intercambio de estudios universitarios.

Admitió que la adaptación no fue sencilla, aunque dijo que eso depende de cada caso. Hoy en día trabaja como panadero artesanal y es propietario de un pequeño restaurante.

Explicó que uno de los temas que aún le cuesta asimilar es el excesivo proceso de trámites para emprender en negocios, muy diferente a su lugar natal. Sin embargo, es optimista y manifestó que por lo pronto su intención es quedarse en el país, aunque no descarta retornar a Alemania. Aclaró que eso sucedería cuando crezca su hija y deba iniciar su educación secundaria.

“Yo me quedaría aquí para siempre”, concluyó.

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