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Expertos cuestionan aparato de desinformación de Rusia


Captura de video muestra a la editora de Russian Channel One, Marina Ovsyannikova, sosteniendo un cartel que dice "Detengan la guerra. No crean en la propaganda. Aquí les están mintiendo" durante una transmisión de noticias en vivo por la noche, en Moscú, el 14 de marzo de 2022.
Captura de video muestra a la editora de Russian Channel One, Marina Ovsyannikova, sosteniendo un cartel que dice "Detengan la guerra. No crean en la propaganda. Aquí les están mintiendo" durante una transmisión de noticias en vivo por la noche, en Moscú, el 14 de marzo de 2022.

La amplia presencia de corresponsales de la prensa extranjera en la cubertura de la invasión a Ucrania y otros aspectos han frustrado los esfuerzos de los propagandistas rusos para controlar la narrativa de la guerra, afirman expertos.

Durante los últimos años, el aparato de desinformación de Rusia parecía imparable.

Con el hábil uso de mentiras y pistas falsas en las plataformas de redes sociales a través de campañas con contenido generado por trolls, y luego amplificadas por los medios de comunicación oficiales de Rusia como RT, el Kremlin una y otra vez ha podido confundir problemas, complicar hechos y fijar narrativas falsas manipulando a las audiencias que podrían ser receptivas, afirmaron funcionarios occidentales y analistas independientes.

A menudo han expresado su frustración acerca de cómo la desinformación rusa ha cobrado fuerza, logrando enturbiar la carrera por la presidencia de EE. UU. en 2016, empeorar las divisiones políticas en Europa durante la crisis de refugiados de 2016-16 y en Siria dando forma a una narrativa que vincula a los opositores del líder sirio Bashar al- Assad, así como a la organización humanitaria de los Cascos Blancos, con los yihadistas y el grupo terrorista Estado Islámico.


Pero así como las fuerzas armadas de Rusia han sido sorprendidas en el campo de batalla de Ucrania por un oponente más pequeño, ágil y con mayor motivación, su operación de propaganda también ha parecido torpe.

Las versiones divulgadas por el Kremlin en su intento de echar la culpa de sus propias acciones a otros, y presentar su invasión como de naturaleza defensiva, no ha resultado como los propagandistas rusos podrían haber esperado, apuntan.

El director de la CIA, Bill Burns, dijo la semana pasada a un comité del Congreso de Estados Unidos que, en su opinión, el presidente ruso, Vladimir Putin, está “perdiendo la guerra de la información” sobre Ucrania.

Y no es el único que lo ve así.

“Vladimir Putin ha disfrutado durante mucho tiempo de la reputación de maestro de la guerra de la información. Durante la última década, su armamento de las redes sociales y la promoción agresiva de narrativas falsas han demostrado ser fundamentales”, señala Anders Aslund, miembro principal del Foro Mundial Libre de Estocolmo, un grupo de expertos en Política Exterior basado en Suecia.

Pero Aslund evalúa que “ya está claro que la guerra de la información ha sido definitivamente perdida” por Rusia.

Aslund y otros observadores dicen que, a pesar de que Rusia recurrió a su sofisticado manual de desinformación, la comunidad internacional se ha unido de manera abrumadora para apoyar a Ucrania, juzgando la invasión de Rusia en términos buenos o malos, y ha impuesto sanciones económicas sin precedentes.

Las principales marcas y empresas mundiales se han apresurado a romper los lazos con Rusia, y las donaciones humanitarias a Ucrania de instituciones e individuos de todo el mundo se han disparado. Martin Griffiths, coordinador de la ONU para atender emergencias, señaló el lunes cómo solo su oficina ha recibido donaciones de 143 países para proveer ayuda.

Entonces, ¿por qué la bien practicada máquina de desinformación de Rusia no ha logrado el éxito esperado por el Kremlin esta vez?

Tal vez la razón sea simple, dice Tetiana Popova, experta en Relaciones Públicas y ex viceministra de Información de Ucrania.

“La mejor contrapropaganda es la verdad”, dijo a la Voz de América.

Esfuerzos frustrados

Popova explica que la amplia presencia sobre el terreno de medios de prensa extranjeros y la velocidad y el estado de alerta de los experimentados medios de la información de Ucrania, que se han apresurado a aprovechar las declaraciones rusas para demostrar su falsedad, han frustrado los esfuerzos de los propagandistas rusos por controlar la narrativa de la guerra.

Los guerreros de la información de Ucrania a menudo han superado a sus rivales rusos, dicen Popova y otros observadores.

La desinformación rusa ha sido cada vez más despreciada en todo el mundo y etiquetada como orwelliana [por su carácter socialmente represivo], afirma.

Cuando el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergéi Lavrov, rechazó el 10 de marzo la prodigiosa evidencia visual y el testimonio de testigos oculares que demostraban que las fuerzas rusas habían estado atacando a civiles ucranianos, sus comentarios fueron recibidos con asombro generalizado, al igual que su sorprendente afirmación de que Rusia no había atacado a Ucrania en absoluto.


Michael Willard, ex director en Rusia y Ucrania de la empresa global de relaciones públicas Burson-Marsteller, cree que Putin y sus principales funcionarios han sido "torpes con sus tácticas de comunicación".

“La comunicación moderna ha reducido el planeta. Las noticias eventualmente se escapan”, afirma.

Las distorsiones, incluso desde el principio cuando Putin dijo que simplemente estaba lanzando una "operación militar especial" y no organizando una invasión, han sido demasiado grandes para que la infame máquina de desinformación de Rusia las manipule.

Los investigadores de código abierto y los geolocalizadores independientes, como Bellingcat, un consorcio de periodistas fundado por el bloguero británico Eliot Higgins, han hecho que sea aún más difícil para los propagandistas rusos dar forma a una narrativa medio convincente para las audiencias con mayor probabilidad de ser receptivas.

La semana pasada, después de que los rusos bombardearan un hospital de maternidad en la ciudad portuaria sitiada de Mariupol, en el que tres personas incluido un niño murieron y 17 resultaron heridas, un esfuerzo coordinado de las embajadas rusas en todo el mundo, con el apoyo de campañas de trolls controladas por el Kremlin, trató de establecer la historia de que los nacionalistas ucranianos habían convertido el hospital en una base militar.

“La verdad es que el hospital de maternidad no ha funcionado desde el comienzo de la operación especial de Rusia en Ucrania”, tuiteó la embajada de Rusia en Israel. “Los médicos fueron dispersados por militantes del batallón nacionalista Azov”, agregó.

Pero la fotografía que las embajadas rusas publicaron para mostrar dónde se encontraban los milicianos ucranianos fue geolocalizada por investigadores afiliados a Bellingcat a diez kilómetros del hospital de maternidad.

RT, el canal de televisión controlado por el Kremlin, dedicó un segmento completo el lunes a atacar a Bellingcat y oenegés como Amnistía Internacional, acusando de desinformación en su documentación sobre el bombardeo de edificios de apartamentos y corredores humanitarios para que huyan los civiles, así como el uso en áreas residenciales de bombas de racimo, explosivos lanzados desde el aire o desde tierra que liberan o expulsan submuniciones más pequeñas.

Los ucranianos se han mostrado interesados en documentar la invasión, utilizando sus teléfonos celulares para registrar los bombardeos y sus consecuencias destructivas.

La campaña de desinformación de Rusia también ha enfrentado otros contratiempos importantes con los gigantes de las redes sociales Facebook y Twitter tomando medidas para eliminar la desinformación rusa y bielorrusa de sus plataformas y desmantelar las redes sospechosas que buscan manipular algoritmos para impulsar una narrativa falsa pro-rusa.

Y la campaña de desinformación de Rusia se ha visto severamente obstaculizada por la prohibición de la Unión Europea de que los medios de comunicación controlados por el estado ruso RT y Sputnik transmitan al bloque de 27 naciones.


El máximo diplomático de la UE, Josep Borrell, dijo a los legisladores de la UE después de que se anunciara la prohibición: “No son medios independientes, son activos, son armas, en el ecosistema de manipulación del Kremlin”.

“No estamos tratando de decidir qué es verdad y qué es falso. No tenemos ministros de la Verdad. Pero tenemos que centrarnos en los actores extranjeros que intencionalmente, de manera coordinada, intentan manipular nuestro entorno de información”, agregó.

Sobre todo, la maquinaria de desinformación de Rusia tiene poca respuesta en el escenario mundial para el experto en redes sociales del presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, y sus videos diarios que se han convertido en sensaciones virales y han ayudado a reunir apoyo para su asediada nación.

En el duelo mediático entre el popular comediante de televisión contra el rígido jefe de espías, Zelenskyy sale mejor parado.

“Visto desde la perspectiva de alguien que estudia el liderazgo en situaciones de crisis, ha sido extremadamente efectivo”, según la historiadora Nancy Koehn, autora del libro Forged in Crisis, que examina el liderazgo en tiempos de guerra.

“Ha demostrado una capacidad hábil para improvisar a medida que cambian las circunstancias de la crisis. Se comunica brillantemente con su propia gente y ciudadanos de todo el mundo, aparentemente mejorando a medida que pasan los días”, dijo Koehn a Harvard Gazette.

“Luego agregue la conciencia emocional y la claridad moral que Zelenskyy emplea, una y otra vez, para explicar al resto del mundo lo que le está sucediendo a su nación y a su pueblo. Y su valentía personal y su compromiso inquebrantable para hacer retroceder la agresión de Putin, incluso frente a grandes obstáculos, no solo inspiran a millones de personas, sino que también son una fuente de poder personal real para el propio líder”, agregó.

Incluso en el entorno mediático rígidamente controlado de Rusia, el Kremlin ha enfrentado desafíos.

Una empleada del canal estatal ruso Channel One logró interrumpir una transmisión en vivo de las noticias nocturnas el lunes gritando “¡Alto a la guerra! ¡No a la guerra!”

La empleada de noticias Marina Ovsyannikova, cuyo padre es ucraniano, levantó un cartel en ruso en el que se leía: “No crean en la propaganda. Aquí te están mintiendo”. Los productores del estudio se apresuraron a interrumpirla.

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