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La Misión Robinson no hizo de Venezuela un “territorio libre del analfabetismo”


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​​​​​​​El Gobierno venezolano se pronunció por el aniversario del conocido programa social de Hugo Chávez. Aunque la tasa de alfabetización del país siguió en aumento, el promulgado impacto de esta política no coincide con datos del censo y estudios independientes.

Como otros miembros del Gobierno y la administración de Venezuela, el canciller Carlos Faría recordó el pasado 1 de julio el aniversario de la Misión Robinson para la alfabetización de adultos y jóvenes excluidos. El entonces presidente Hugo Chávez lanzó en 2003 este y otra decena de programas sociales, que continúan bajo el mandato de Nicolás Maduro.

“Hace 19 años nació la Misión Robinson como uno de los ejes de acción de la Revolución Bolivariana ejecutado por nuestro comandante Chávez. Acabar las causas de la desigualdad social dio paso al programa que sacó de la oscuridad y del analfabetismo a la población más excluida”.

Sin embargo, aunque la tasa en Venezuela siguió en aumento, el impacto de esta política en la narrativa de “territorio libre de analfabetismo” no se ajusta con el censo, según informes de la ONU y estudios independientes.

“Yo sí puedo” en tiempos de bonanza y crisis

Siguiendo años de decretos vía ley habilitante y una nueva Constitución, Chávez inauguró las Misiones Sociales en 2003. El anuncio llegó durante una subida del precio del petróleo que permitió un mayor gasto público, tras la convocatoria reciente de un referéndum revocatorio de la oposición, y después de un paro petrolero y un breve golpe de Estado el año anterior.

La Misión Robinson, llamada en honor a Samuel Robinson, como se le conocía al tutor del libertador Simón Bolívar, comprende tres fases. La primera, con el método de alfabetización cubano “Yo sí puedo”, enseña a leer y a escribir a adultos mediante videos, cartillas y acompañamiento. El segundo, Batalla por el sexto grado, busca que esas personas y quienes abandonaron la educación formal completen la primaria. Y la tercera, Círculos de trabajo y estudio, surgió en 2006 para fortalecer el hábito de la lectura.

En educación, el Gobierno venezolano lanzó la Misión Robinson junto con la Misión Ribas, para culminar los estudios secundarios, y la Misión Sucre, de recursos para la educación universitaria. Además, surgieron otros programas conocidos, como la Misión Barrio Adentro para la cobertura médica gratuita o la Misión Mercal para el acceso a alimentos subsidiados. Estas y otras funcionaban de manera independiente o a través de planes por áreas, hasta que el Ejecutivo de Nicolás Maduro, heredero político de Chávez, las articuló en 2014 con una ley orgánica que creó el Sistema Nacional de Misiones, Grandes Misiones y Micro Misiones.

El analfabetismo se redujo, pero los datos no coinciden

En honor al nacimiento de Simón Rodríguez, o Samuel Robinson, Chávez decretó en 2005 que el 28 de octubre sería el Día Nacional de la Alfabetización. En esa jornada, se declaró al país “territorio libre de analfabetismo” en un acto público. Como recogería en 2006 el Ministerio de Comunicación e Información, ese día el entonces director general de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Koichiro Matsuura, felicitó a Venezuela a través de su representante en el país.

Según el Gobierno de Chávez, el esfuerzo había conseguido alfabetizar a casi un millón y medio de personas. Desde entonces, el oficialismo empezó a reivindicar año tras año aquel logro y el aval de la Unesco, cuyos cálculos, además, en este caso parten de datos oficiales.

Sin embargo, a la luz del censo oficial de 2001, en Venezuela había entonces 1,08 millones de personas analfabetas. El Informe mundial sobre desarrollo humano de 2005 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) recogería que la alfabetización en Venezuela desde los 15 años en adelante había pasado del 88,9% en 1990 al 93% en 2003, cuando inició la Misión Robinson. Según el documento, ningún país de fuera de los fundadores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y de Europa del Este tenía entonces una tasa de analfabetismo inferior al 0,1%.

En esa línea, los economistas Daniel Ortega y Francisco Rodríguez publicaron entre 2006 y 2008 el artículo académico ¿Libre de Analfabetismo? Una mirada cercana a la campaña de alfabetización Robinson de Venezuela. Con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de un estudio anterior, los investigadores mostraron que ningún censo entre 1936 y 2001 había registrado más de un millón y medio de personas analfabetas. Asimismo, estimaron con datos de la encuesta de hogares del INE que la Misión Robinson habría alfabetizado máximo a unas 48.000 personas entre julio de 2003 y diciembre de 2005, lejos de la cifra oficial.

Aun así, el Gobierno de Venezuela mantuvo la narrativa de “territorio libre de analfabetismo” en declaraciones e informes oficiales. Un ejemplo fue el resumen en 2008 de los proyectos del Subsistema de Educación de Adultos del Ministerio de Educación, con la Misión Robinson como protagonista. No obstante, el censo de 2011 registraría más de 1.100.000 personas analfabetas de 10 años en adelante, una tasa del 4,9%, y el dato de alfabetización más reciente, que fuentes como el Banco Mundial registran en 2016, era del 97%.

Burocracia y presupuesto

Ya con Nicolás Maduro en el poder, el abogado y profesor emérito de la Universidad Central de Venezuela Allan Brewer Carías comentó en un artículo de 2014 el decreto ley del entonces recién creado Sistema Nacional de Misiones. En sus palabras, esta ley organizó un “aparataje burocrático” desde la Presidencia hasta la coordinación local y no aclara la naturaleza jurídica del Fondo Nacional de Misiones.

En ese sentido, la Unesco publicó La evolución y el impacto de las campañas y programas de alfabetización, 2000-2014, donde la experta alemana Ulrike Hanemann analizó casos de distintas partes del mundo. Sobre Venezuela, destacó del artículo de Ortega y Rodríguez que la Misión Robinson no había tenido el alcance que el Gobierno reivindicaba, dada su politización, incentivos inadecuados o retrasos en los pagos a los instructores, además de fallos del método Yo sí puedo, a partir de otro estudio anterior.

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Ortega y Rodríguez recordaron que el Ministerio de Finanzas de Chávez le había atribuido en su día 80 millones de bolívares, entonces 50 millones de dólares, a la Misión Robinson. A partir de ahí, calcularon en su estudio de 2006 que el coste por cada una de las 48.000 personas alfabetizadas habría sido de 536 a 1.035 dólares, mucho más que el promedio de 47 en África subsahariana, 30 en Asia o 61 en Latinoamérica.

Más de una década después, Transparencia Venezuela denunciaba en 2018 varias “debilidades” e “incumplimientos” reiterados de la ley de Misiones, entre ellos el aumento de competencias del presidente, incluso para asignar presupuestos, y la falta de autonomía de los nuevos organismos, de criterios para la participación de ciudadanos y de información sobre los beneficiarios.

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