Enlaces para accesibilidad

El acoso en línea, el nuevo frente de batalla para las mujeres periodistas


La periodista cubana Yoani Sánchez fue de las primeras en usar la internet para ejercer periodismo en la cerrada sociedad cubana. Las amenazas en su contra no han cesado.

El periodismo digital ha abierto muchas puertas que han fortalecido la libertad de expresión. Pero con lo positivo, han llegado también el acoso, las amenazas, la difamación y la intimidación, especialmente de las mujeres periodistas.

El acoso en línea es la nueva frontera para la seguridad de los periodistas, y las periodistas mujeres son desproporcionadamente confrontadas por el acoso con amenazas de daños físicos, según un recién publicado reporte.

El reporte, basado en una encuesta mundial de más de 700 periodistas que se identifican como mujeres, encontró que el 73 por ciento ha experimentado alguna forma de violencia en línea, con amenazas de violencia física o sexual siendo lo más común.

Los hallazgos y el impacto que el acoso tiene en las periodistas fueron discutidos durante un panel sobre “Violencia en línea: El Nuevo Campo de Batalla para las Mujeres Periodistas”, organizado por UNESCO y el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por sus siglas en inglés).

“Más que simplemente perjudicar a periodistas individuales, la violencia en línea ha también tenido un escalofriante efecto en el periodismo en general y en la libertad de expresión, así como sobre la diversidad en el debate público”, dijo durante el panel Julie Posetti, directora global de investigación en ICFJ y coautora del reporte.

El acoso en línea ha aumentado en años recientes, con las mujeres, incluyendo mujeres periodistas, recibiendo con mayor frecuencia lo más pesado de los ataques. El acoso puede llevar a las periodistas a autocensurarse, a retirarse de las plataformas en línea, a veces temporalmente o también puede conducir a las mujeres a renunciar totalmente al periodismo.

Así como sucede con el abuso misógino y las amenazas de violencia sexual y los insultos, las mujeres periodistas son blanco de campañas de desinformación que buscan socavar su credibilidad dañar su reputación, incluyendo a través de acusaciones falsas de mala conducta profesional o intentos de manchar su nombre, según el reporte de ICFJ y UNESCO.

Estos periodistas también afrontarían más riesgo de amenazas a su privacidad o su seguridad por casos de piratería digital, la cual busca alterar imágenes o fotografías para luego distribuirlas en línea, donde información como sus direcciones es compartida. Al compartir detalles como las direcciones de los periodistas, los atacantes aumentan el riesgo de ataques físicos, dijo el panel.

El reportar sobre feminismo, violencia de hombres contra mujeres, derechos reproductivos y asuntos transgénero, al igual que sobre política, derechos humanos y políticas sociales, son los temas más relacionados con ataques en línea. En la mayoría de los casos, los atacantes son anónimos.

Las amenazas en línea no son solo dirigidas a periodistas. De los 174 entrevistados para la encuesta, el 13 por ciento dijo que amenazas de violencia también fueron hechas contra sus personas allegadas.

La galardonada periodista finlandesa Jessikka Aro está familiarizada con las presiones del acoso en línea.

Aro, que trabaja para la estación estatal finlandesa Yle, fue sometida a una intensa campaña de acoso en línea tras reportar sobre las fábricas rusas de troles en el 2014. Los acosadores diseminaron historias falsas sobre ella en los medios rusos, la acusaron de abusar de las drogas o de tener problemas de salud mental y compartieron sus datos personales en línea. Poco después, la periodista empezó a recibir llamadas y mensajes telefónicos amenazantes, así como amenazas de muerte.

“Es hacerme blanco de desinformación y difamación ocasionando la furia de lectores y televidentes desilusionados por estas historias noticiosas falsas”, dijo Aro, quien en 2020 recibió el Premio al Coraje de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios. “Ellos reciben una impresión equivocada. Ellos creen estas mentiras y ellos mismos me atacan”.

En octubre del 2018, una corte de Helsinki sentenció a Ilja Janitskin, la fundadora de una página web pro Rusia, a 22 meses en prisión por difamación y negligencia. Otra persona, Johan Backman, recibió una sentencia suspendida de un año de prisión por difamación agravada y acecho.

Asimismo, Aro dijo que fue atacada por llevar a los responsables a la Corte y que los ataques al estilo de la mafia llegaron hasta a los testigos, la policía, los fiscales y jueces.

“No son una especie de amenazas abstractas a la libertad de expresión o libertad de recibir información, pero también son amenazas a reporteros individuales y personas como yo”, dijo Aro a la Voz de América.

La periodista dijo creer que el objetivo de sus atacantes era interferir con su habilidad para reportar.

“Cuando estoy siendo atacada, no puedo hacer el trabajo que estoy supuesta a hacer”, dijo Aro. “debería poder hacer lo que amo hacer, que es investigar y publicar historias.

Así como la obligó a mudarse temporalmente al extranjero por su seguridad, el acoso tuvo un impacto en la salud de Aro. La periodista ha experimentado miedo, ansiedad, insomnia y pesadillas.

“Realmente hace la vida cotidiana, y también la vida de trabajo, mucho más lenta porque debes tomar tiempo para poder procesar todas las nuevas amenazas y lidiar con todos los nuevos crímenes”, dijo Aro.

Elisa Lees Muñoz, directora ejecutiva de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios, le dijo a la VOA este año que los ataques en línea como los que ha experimentado Aro se están volviendo la norma.

“Son realmente incesantes y perniciosos y empujan a las mujeres periodistas fuera de su profesión, logrando lo que buscaban: silenciar a las mujeres”, afirmó.

Aro continúa reportando sobre trols rusos, diciendo que hace a otros menos susceptibles a la desinformación y que a ella la impulsa un fuerte sentido de “responsabilidad con mis audiencias y mis lectores”.

Llamados por protección

Varias periodistas que respondieron a la encuesta mundial dijeron que las amenazas en línea las han conducido a la autocensura, o a retirarse de las redes sociales y a terminar con la participación de las audiencias. Algunas dijeron que aumentaron su seguridad física, buscaron ayuda sicológica, perdieron días de trabajo o abandonaron el periodismo por completo.

“Tenemos que mantenernos firmes en nuestra línea. Tenemos que negarnos a ser silenciadas”, dijo Posetti al panel. “Necesitamos respetar y apoyar a las mujeres que se han sentido desplazadas y silenciadas como resultado de esto”.

Entre las recomendaciones de su reporte, la ICFJ y UNESCO sugieren que los países deben asegurarse que las leyes usadas para proteger a las periodistas mujeres fuera de línea, también sean usadas en casos de ataques digitales. Agregó que los países podrían proteger mejor a las mujeres recolectando información sobre los incidentes y pública y sistemáticamente condenar los ataques.

Los autores del reporte sugieren que las mujeres reporten el acoso a sus empleadores y a las plataformas de redes sociales donde se realizan las amenazas.

“Uno de los más grandes retos son las fallas estructurales dentro del nuevo ecosistema de la información en el cual todos operamos”, dijo Posetti al panel. “Ser invisibles no es una opción para las mujeres. No es una opción para las mujeres abandonar la tecnología digital, las plataformas sociales cuando se trata de hacer sus trabajos en periodismo”.

Empresas incluyendo a Facebook y Twitter deberían asegurar que sus quejas de acoso y abuso sean atendidas de forma rápida y transparente, dijo el reporte, agregando que las organizaciones noticiosas necesitan proveer un mejor apoyo y entrenamiento sobre la seguridad en línea.

XS
SM
MD
LG