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¿Cuánto dinero urge para dar respuesta a migrantes y refugiados venezolanos?


Migrantes venezolanos son vistos dentro de un coliseo donde se instaló un campamento temporal, luego de huir de su país debido a operaciones militares, según la agencia colombiana de migración, en Arauquita, Colombia, 26 de marzo de 2021.

Dos conferencias mundiales han logrado recaudar en dos años al menos 3.000 millones de dólares para asistir a la población migrante y refugiada que sale de Venezuela. Los recursos, sin embargo, son insuficientes, según investigadores.

Las donaciones mundiales para atender la creciente población de venezolanos migrantes y refugiados suman apenas un tercio de lo esperado, y se trata probablemente de la movilización forzada de personas más “subfinanciada” de la historia moderna, según expertos.

La crisis migratoria venezolana no tiene precedentes en la región y va camino a superar en número a la ocurrida en Siria desde hace años, según un informe reciente de un Grupo de Trabajo de la Organización de Estados Americanos.

El documento advierte que esa población escalará en 2022 de 5,6 a siete millones de personas si no hay “una solución en el corto plazo” a las causas que la generan en Venezuela, como “la emergencia humanitaria compleja”, las violaciones a los derechos humanos y el colapso de sus servicios públicos.

Los países receptores se encuentran aún “en un proceso de búsqueda” de sistemas y maneras para atender a esos venezolanos desplazados en América Latina y el mundo, observa Gustav Brauckmeyer, director de Equilibrium, un centro de pensamiento para el desarrollo económico y migración.

Según sus apuntes, dos conferencias mundiales de donantes han logrado recaudar 3.000 millones de dólares para atender a la población migrante venezolana, con el concurso de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, el Banco Interamericano de Desarrollo y naciones altruistas.

Con la ayuda de organizaciones civiles, esos fondos se traducen en ayuda humanitaria, generación de medios de vida, emprendimientos, trabajos independientes, generación de capacidades y procesos de regularización.

Lo alcanzado es insuficiente, sin embargo. “No alcanza de ninguna manera, aunque suena a mucho” dinero, explica Bracukmeyer a la Voz de América desde Perú. “Contamos con menos de un tercio (de recursos) de lo que se ha manejado para manejar el fenómeno de Siria. Es, también, menos de un tercio de lo que necesitamos”, acota.

Ayuda de vanguardia

Una de las coaliciones internacionales más importantes es la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, R4V por sus siglas en inglés, un foro donde participan 17 países de Latinoamérica y el Caribe, y que cuenta con el respaldo del gobierno de Estados Unidos.

Esta iniciativa combina las responsabilidades y experticias de las agencias de las Naciones Unidas, las organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil, movimientos religiosos y la Cruz Roja para “asegurar respuestas humanitarias robustas, protección e integración a las necesidades crecientes de los migrantes y refugiados venezolanos, así como de las comunidades anfitriones afectadas”.

Según su plan de acción para el último semestre de 2021, la población de migrantes y refugiados venezolanos será de 8,13 millones de personas. Esas estimaciones calculan que habrá 5,28 millones de venezolanos ya en sus países de destino; 1,87 millones en situación “pendular” o que aspiran a movilizar a otras latitudes; 980.000 retornados colombianos; y 331.000 en tránsito.

R4V precisa que su meta de financiación es de 1.440 millones de dólares para atender las necesidades de 3,3 de los 7,2 millones de migrantes y refugiados venezolanos que existen en la actualidad, según sus cálculos.

Ese proyecto no tiene como objetivo la totalidad de las personas que se movilizan fuera de Venezuela, sino una importante porción. Para ello, indica R4V, cuenta con el concurso de 159 socios. La mayoría de su financiación (74,1 por ciento) proviene de agencias de las Naciones Unidas.

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La plataforma especifica en su informe los recursos, socios y población migrante a beneficiar por sector. En educación, por ejemplo, el requerimiento es de 84 millones de dólares para 574.000 personas. Cálculos propios de la VOA con base en esas estipulaciones totales de R4V permiten concluir que se necesitan 146,3 dólares por migrante para satisfacer sus necesidades educativas.

En seguridad alimentaria, son necesarios 113,6 dólares por cada uno de los 1,68 millones de personas que se aspiran a atender, a razón de 191 millones en total.

En nutrición, asimismo, es necesario recaudar 44,8 dólares per cápita para brindar apoyo a 272.000 personas. En cuanto a refugio o vivienda, se requieren 70,1 millones de dólares para atender a 483.000 migrantes o refugiados venezolanos -se necesitan 145,1 dólares por cada uno de la población a atender.

Clasificación clave

La OEA menciona que los países anfitriones de migrantes y refugiados venezolanos han recibido 480 dólares per cápita en asistencia financiera. “Hoy, un refugiado venezolano vale 10 veces menos que uno sirio”, reza su informe.

La falta de una identificación clara como refugiados de los venezolanos desplazados de su nación es una de las razones principales de la escasa financiación, opina Ligia Bolívar, investigadora sobre migración del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello.

Comenta que, hace dos años, la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas caracterizó a los venezolanos como “desplazados en el extranjero” y, subraya, esa categoría no es adecuada.

“Sacaron a los venezolanos de todas las categorías existentes en Acnur y los ubicaron en una categoría aparte. ¿Son o no son personas que requieren protección internacional? No queda claro. Es como si hubieran salido del país porque quisieran, pero no hay ninguna caracterización como personas que requieren protección internacional”, expone a la VOA desde Colombia.

Una investigación del Brookings Institution, una organización de políticas públicas sin fines de lucro con sede en Washington, Estados Unidos, indicó que su advertencia de 2019 sobre cómo la crisis de refugiados venezolanos era “la más subfinanciada de la historia modena” sigue vigente, “sin mucho cambio”.

Una investigación del economista israelí venezolano Dany Bahar y de su colega Meagan Dooley subrayó en febrero pasado que existe “una brecha masiva” entre los dos grupos de refugiados, los sirios y los venezolanos, en lo referido a financiación extranjera para asistir a los países receptores.

Hasta finales de 2020, se recibieron 20.800 millones de dólares desde el inicio del éxodo sirio para tales propósitos, mientras que, en el caso venezolano, el número era de solo 1.400 millones para la misma fecha. “Es un número mucho menor a pesar de la similitud en el número de refugiados”, dice su reporte.

Otra comparación refleja que se recibieron entonces 3.200 millones de dólares para la asistencia internacional de 2,3 millones de refugiados de Sudán del Sur.

Optimismo cauteloso

La investigación del Brookings Institution precisó que el total de financiación para asistencia internacional era de 3.150 dólares por cada refugiado sirio, de 1.390 dólares por cada refugiado de Sudán del Sur, y solo 265 dólares por cada venezolano, según cifras reflejadas en el corte de finales del año pasado.

“En otras palabras, la financiación para los refugiados sirios ha sido más de 10 veces más que para los venezolanos, en términos per cápita”, apuntan.

Anjalina Sen, directora de la oficina de población, refugiados y migrantes del Departamento de Estados Unidos, uno de los principales donantes para la asistencia internacional de los venezolanos movilizados fuera de su país, remarcó este mes que se necesitan “más recursos y más programas, porque hay mucha necesidad” en esa población que emigró del país suramericano.

Brauckmeyer, del centro de pensamiento Equilibrium, comenta que notado en meses recientes “una nueva fase” en la que existe mayor cooperación técnica y económica de las organizaciones de la ONU, las ayudas bilaterales de países como Estados Unidos y Alemania para apoyar a los Estados receptores en los procesos de regularización de la población venezolana migrante.

Se declara “cautelosamente optimista” ante ese panorama, dado que, según sus estimaciones, nueve de cada 10 migrantes venezolanos planea quedarse en sus países anfitriones. “Se necesitan muchos más recursos. Es un compromiso de un aliento de seis años. Lo que ha llegado es mucho menos” de lo necesario, dice.

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