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¿Qué significa la “cohabitación” con el chavismo que propone Almagro como salida en Venezuela?


El secretario general de la OEA, Luis Almagro propone en un artículo de opinión el diálogo en Venezuela como la “única esperanza” de que su destino sea diferente y “no cometer los errores del pasado”. [Foto Archivo].

El secretario general de la OEA apuesta por buscar “una salida más viable” y de posturas menos radicales ante el chavismo para lograr un cambio político a mediano plazo, interpretan analistas a la luz de su más reciente -y polémico- artículo de opinión.

De las sanciones económicas y la exigencia de desalojo del poder a la “cohabitación” para compartir poder, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, publicó un artículo de opinión que representa un giro en su postura sobre cómo encarar al chavismo en Venezuela, según analistas.

En el texto titulado “El infierno del sendero que jamás se bifurca”, Almagro repasa la desinstitucionalización de Venezuela y su crisis humanitaria antes de concluir que su pueblo vive justamente “en un infierno” y propone el diálogo como la “única esperanza” de que su destino sea diferente y “no cometer los errores del pasado”.

Según Almagro, los procesos de diálogo anteriores reflejan a una oposición ensimismada en sacar a Maduro del poder, un objetivo que, opina, “probablemente no fuera el más viable, ni realizable, ni realista”, pero que él mismo promovió en el pasado.

Asegura que todavía “parece ser irrealista” la salida de Maduro por negociación o elección, así que propone una alternativa: “cohabitación”.

Almagro explica que esa tesis o estrategia política implica “un ejercicio de diálogo político real, de institucionalidad compartida, de poderes del Estado compartidos”, si bien admite que ello no parece ser posible en la rama ejecutiva, presidida de facto por Maduro.

“El esquema de cohabitación a discutir en un proceso de diálogo debe dar garantías de contrapesos para quienes cohabitan”, advierte.

Ese proyecto político, explica Almagro, implica “una participación efectiva del chavismo y del madurismo, de la gente de [el líder opositor Juan] Guaidó y otros actores, la acción conjunta y coordinada de objetivos comunes hacia el futuro” para que pueda ser convincente y fructífero.

“El oficialismo debe asumir que sin la oposición, la sociedad venezolana seguirá resquebrajada, dividida, desintegrada social y geográficamente, y la oposición debe asumir que sin el chavismo y el madurismo sucedería lo mismo”, apuntó Almagro.

Cohabitación no, acuerdo sí

La compartición del poder en Venezuela que propone Almagro es “de difícil definición y todavía de más complicada instrumentación”, según el politólogo Jesús Castellano.

Almagro lanza la idea de que Maduro y la oposición “manejen poder”, explica el analista. “Si bien la fortaleza de Maduro y la crisis global son ciertas, no lo es menos que esta situación se ha mantenido así por hace algún tiempo y no ha habido necesidad de cohabitación. ¿Por qué ahora?”, se pregunta en conversación con la Voz de América.

La oposición y el chavismo discuten con actores internacionales la posibilidad de reactivar pronto las negociaciones de Ciudad de México, facilitadas por el Reino de Noruega. Ese proceso está congelado desde octubre del año pasado, cuando la delegación oficialista se retiró tras la extradición del empresario colombiano Alex Saab a Estados Unidos.

Castellano también muestra sus dudas sobre qué sector representaría a la oposición en esa eventual cohabitación y repartición del poder político en Venezuela. “Del lado del régimen está claro (Maduro), pero del sector opositor, ¿quién o quiénes estarían? ¿Bastaría en la realidad opositora actual, la sola presencia de la “gente de Guaidó”?”, indica.

Considera que el triunfo de esa fórmula propuesta por Almagro implicaría claridad sobre cuáles serían esos “otros actores” que menciona y “unidad de propósitos mínima” entre ambos bloques, enfrentados entre denuncias de ilegitimidad y golpismo desde 2019.

La oposición venezolana no reaccionó con beneplácito al artículo del secretario de la OEA. Nicmer Evans, del Movimiento Desarrollo e Inclusión y precandidato a la Presidencia, advirtió esta semana que no eran tiempos “de posturas bipolares” sobre la crisis política.

Criticó ante la prensa que Almagro vaya del “Maduro vete ya” a la idea de cohabitar. Si bien se mostró de acuerdo con librar la lucha política en un plano distinto a la “fuerza”, como ocurrió en 2014, 2017 y algún sector opositor planteó en 2019, desechó la cohabitación.

“Cohabitar tampoco es el mejor de los consejos. El hecho que yo esté en Venezuela y esté participando o pretendiendo participar en las primarias de oposición y queriendo participar como candidato presidencial, eso no me hace cohabitar”, dijo en una entrevista.

Venezuela en segundo plano

Almagro refleja lo que sopesa actualmente la comunidad internacional, con Venezuela “en segundo plano”, desplazada por la pandemia y los conflictos bélicos, opina el consultor político y especialista en asuntos internacionales, Luis Peche Arteaga.

“Vista esa realidad política, Almagro parece estar apuntando hacia una solución más viable (en Venezuela) al aceptar que el poder lo está detentando el chavismo y que no parece que en el horizonte próximo pueda haber algún cambio en ese panorama”, dice a la VOA.

A su entender, el “giro” del secretario de la OEA invita a la oposición venezolana a “un reacomodo estructural” donde puedan convivir con el chavismo y “reorientar las reglas del juego”. El antichavismo tradicional espera convencer a su antítesis de mejorar las condiciones electorales para las votaciones presidenciales, previstas para 2024.

Castellanos, por su parte, cree que Almagro “se inscribió en esa línea” que critica en su artículo, sobre la salida de Maduro como condición sine qua non en los diálogos anteriores.

“Esta declaración se sigue inscribiendo en la preocupación de Almagro por Venezuela, aunque sin duda, es un cambio drástico en la estrategia de cambio en Venezuela, en el apoyo al gobierno interino de Guaidó, el reconocimiento de otras fuerzas opositoras y la calificación de Maduro” como “dictador”, como propone su némesis política.

Almagro pareciera omitir “algunos avances” que han implicado acuerdos políticos, “sin convertirse en una cohabitación”, resalta, no obstante. Entre ellos, menciona la mejora de condiciones para las elecciones regionales de 2021 o la reunión tripartita conducida por la Organización Internacional de Trabajo, un hecho poco frecuente en la era chavista.

El analista afirma que no hay signos de cohabitación política en la actualidad. “Maduro pareciera haberse fortalecido pese a la situación crítica generalizada en el país y la documentación de todos estos hechos, incluyendo la violación de derechos humanos y la debilidad de los procesos electorales, por citar dos ejemplos”, observa Castellanos.

Pero Peche Arteaga sí nota esa cohabitación de algunos sectores opositores, que “buscan un reacomodo de bajo perfil”, mencionando a figuras de posturas menos radicales, como el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski y el diputado Stalin González.

Esas actitudes ante la realidad política actual, apuestan a lograr mejoras en las condiciones democráticas de Venezuela “a mediano o largo plazo en un proceso transicional”, concluye.

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